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viernes, 10 de junio de 2016

Editorial Jóvenes Fe y Sexualidad en Revista 95 Tesis.


Los Derechos Sexuales y Reproductivos comprenden ciertos Derechos Humanos, es decir, facultades inherentes a cada ser humano por su condición de tal, relacionadas con la Sexualidad y Reproducción de las personas, y han sido incluidos en diversos documentos internacionales sobre Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Sin embargo, al igual que gran parte de los Derechos que integran los catálogos presentes en los Pactos Internacionales, en diversos lugares del mundo han sido sistemáticamente desconocidos y vulnerados. Limitaciones a la libertad sexual de las personas, tráfico de seres humanos para obligarlos a ejercer la prostitución, discriminación producto de la orientación sexual e identidad de género, son sólo algunos ejemplos de esta situación.

Nuestro país no ha estado exento de estos atropellos, y si bien es cierto que en las últimas décadas se han producido avances en esta materia, aún existen diversos factores políticos, jurídicos, sociales y culturales que impiden el pleno respeto en la práctica de los Derechos Sexuales y Reproductivos.

Como jóvenes cristianos, tenemos conciencia de que no podemos abstraernos del debate al respecto, y por eso el objetivo de la presente edición de la Revista 95 Tesis es contrastar diferentes visiones acerca de la vigencia, alcance y eficacia de estos derechos, relatar experiencias de vida relacionadas con ellos, y entregar material que pueda ser útil para la reflexión y discusión. Esperamos también, que dichas reflexiones impulsen la realización de acciones concretas que lleven a su consolidación y respeto efectivo en nuestras comunidades, nuestro país y el mundo.

En ningún caso, pretendemos dar una conclusión del tema en este número de la Revista, al contrario, creemos que la conversación en torno a los Derechos Sexuales y Reproductivos, debe seguirse dando tanto dentro de nuestra Pastoral de Jóvenes de la IELCH como fuera de esta.

Guiados por el mandato de amor de Jesucristo, pedimos a nuestro Señor que nos ilumine en la lectura, y nos ayude a despojarnos de los prejuicios que nos impidan abrir nuestros corazones al testimonio de nuestros hermanos. Amén.

Revista 95 Tesis

Lea los artículos de la serie: Jóvenes, Fe y Sexualidad en este link: https://revista95tesis.wordpress.com/category/jovenes-fe-y-sexualidad/

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Se justifica una iglesia luterana en el Chile de hoy? ¿Tiene ella algo que aportarle a la sociedad chilena?

En la reunión constituyente del Observatorio Iglesia y Sociedad. Gentileza de Esteban Oyarzún

































Hoy 15 de Noviembre, Manuel Ossa cumple 84 años, quien ha sido mi profesor, amigo y compañero, comparto este artículo de su autoría de absoluta vigencia para la reflexión teológica luterana en Chile, y América Latina. 

Noviembre, 1997[1]

 1. Competencia versus gratuidad.

Comencemos a responder examinando la primera intuición de Lutero. Él se había hecho monje para abrirse paso hacia Dios a través de una rigurosa disciplina. Su espiritualidad se asentaba en la convicción de que la voluntad y el empeño del ser humano son factores decisivos para la salvación. Quien practicaba la virtud y se ejercitaba en ayunos, vigilias y penitencias, acumulaba méritos, es decir, se hacía merecedor de la salvación; de alguna manera la salvación era obra suya propia, es decir, resultado de su actuar.

El Dios de esta espiritualidad medieval era un calco de la imagen del príncipe o rey, quien premiaba los méritos y la virtud de sus valientes. Era un Dios que necesariamente establecía jerarquías entre sus fieles, revistiendo a unos de más gloria que a otros, o entregándoles premios mayores. Así se reproducía en el ámbito religioso la sociedad de castas, donde el valor de las personas dependía también del lugar que ocupaban en la pirámide social. Como junto con los nobles, también los comerciantes llegaban a ocupar puestos altos en esa sociedad del mercantilismo, el valor de las personas se medía también por el alto precio de los bienes que eran capaces de adquirir, es decir, en términos de trueque mercantil.

Imbuido, pues, de una espiritualidad como ésta, en la que se reproducían rasgos mercantiles y estructuras jerárquicas, Lutero se entregó durante años a ejercicios ascéticos que deberían hacerlo valioso en méritos ante sus propios ojos y ante Dios. Pero no por ello lograba acercarse a Dios, quien seguía siéndole inaccesible. En medio de esta búsqueda, Lutero leyó la epístola a los Romanos y descubrió en ella el principio de la justificación por la fe - por la fe sola. como él agregó: es decir, que Dios no toma en consideración méritos, sino justifica al creyente en forma gratuita e inmerecida, por el solo acto de su bondad. Era el descubrimiento del Dios clemente (gnädig).

 ¿Tiene algo que decirnos esta experiencia de Lutero a los chilenos hoy? Es cierto que la sociedad de castas del medioevo no existe de la misma manera entre nosotros. Pero hay algunos rasgos que se le asemejan.

“A cada cual según su rendimiento”, se deduce de la teoría económica vigente. "A cada cual según sus méritos”, dice la jerarquía de rangos y de honores que está cercana a aquella teoría económica o se deriva de ella. En el Chile de hoy, cada vez más hay que "hacer méritos" para simplemente ganarse la vida. Para ser "valioso" no basta con ser un ser humano, sino que hay que haberse "hecho valer" y tener éxito, aunque sea desbancando a otros, a codazos y en la competencia de todos contra todos. Se construye aceleradamente una sociedad en que el mercado, supuestamente libre, va ocupando el centro de todas las preocupaciones, y donde las personas pasan a tener valor según los objetos a los que tengan acceso, produciéndose una distancia creciente entre los pocos que tienen mucho y los muchos que no tienen casi nada, como también la angustia de los que se hallan entre ambos grupos, sea por ansias de alcanzar al de “arriba”, sea por temor de caer hacia “abajo”.
Aún entre personas de fe, hay tendencias religiosas que vuelven a atribuir el éxito económico y la prosperidad a una "bendición* de Dios, la cual tendría que ver con los méritos propios; como al revés, la pobreza sería de alguna manera un castigo de Dios.

Frente a estos rasgos de nuestra cultura contemporánea, me parece que la comunidad cristiana luterana podría hacer un aporte, en la medida en que vuelva a ser testigo de una experiencia de Dios tan honda como la que cambió la vida de Lutero. La experiencia de que se trata es la de un Dios distinto del que sostiene el modelo económico-cultural vigente. Un Dios que no se fija en méritos ni deméritos, un Dios que en Jesús se identificó precisamente con los que no tenían méritos de ningún tipo, con los esclavos. Con su muerte, Jesús asumió el lugar de los sin mérito, para liberarnos a todos de la postura temerosa y rebajada del esclavo y entregarnos a todos un talante de hijos, todos iguales en dignidad.

Si realmente creemos que la fuente de todo valor humano no es el mérito sino el amor gratuito de Dios, entonces va a cambiar nuestra forma de usar de las cosas que el mercado vuelca cada día con la etiqueta de “nuevo” en los escaparates de las tiendas: porque no buscaremos valorarnos mediante su adquisición y propiedad, es decir, no nos importará adquirirlas o no adquirirlas, pues no será de ellas que dependa nuestra valoración. Va a cambiar también nuestra forma de mirar a las personas y de tratar con ellas, pues dejaremos de fijarnos en la apariencia, para vernos a todos recíprocamente en aquella esencial desnudez en la que el ser humano vale por lo que es a los ojos de Dios y no por el oropel con que se adorna. Entonces nuestro testimonio de personas y de iglesia va a servir de algo a nuestros contemporáneos en una sociedad como la nuestra, donde el mercado ha tomado el lugar de un Dios que establece jerarquías y fija los valores de las cosas y de las personas.

2. Religión e interés

Una de las desviaciones que Lutero combatió en la iglesia de su tiempo fue el poder de su riqueza. En su escrito dirigido a los "nobles de la nación alemana", dice que la iglesia debería desprenderse de su poder mundano, y que, si no lo hace libremente, se le debería obligar a ello.

Esta exigencia que Lutero hace a la iglesia se deriva fundamentalmente de su experiencia de Dios. Para él, la religión no puede tener otro centro que Dios mismo y su gloria, y no interés humano alguno, ni siquiera el de la propia salvación, mucho menos intereses materiales como el del enriquecimiento o la adquisición de poder. Lutero dice: "Quienes no buscan su propio placer sirven a Dios únicamente por causa de Dios y no por cosas temporales y aún si supieran que no hay cielo ni infierno ni recompensa, con todo seguirían sirviendo a Dios por su sola causa”[2]

 Hoy en Chile se está construyendo una sociedad interesada en sacar provecho material de todo, hasta de la religión. A veces de la religión misma se hace un negocio, y se espera de la religión que ella contribuya también a la prosperidad material de quienes la practican.

Uno de los intereses que tenemos en la religión es que ella pueda acercarnos al poder. Y se tiene el sentimiento de que todo poder está vinculado con el de Dios o emana del suyo. Por eso mismo, quizás, ninguna iglesia nunca, salvo en los primeros siglos del cristianismo, ha dejado de trabar lazos con el poder establecido. Es una de las tentaciones a las que están expuestas hoy en Chile todas las iglesias. "Lo propio de toda religión [es] ponerse en el lugar de Dios, identificar la causa de Dios con la suya, la ley de Dios con la suya, "sin saber lo que hace, "estimando dar culto a Dios", cuando lo que hace es confundir el honor de Dios con su propia voluntad de poder"[3].

Es un tema difícil. Porque una cierta ayuda de los poderes públicos parece venir tan bien a la predicación del evangelio...; abre las puertas de hospitales, cárceles y escuelas, facilita la propagación del evangelio por la prensa y la televisión... Tal vez por todas estas buenas razones las iglesias han frecuentado los corredores del Congreso Nacional con ocasión de la discusión de la ley de cultos. Son razones que se pueden discutir una por una. Pero habría que hacerlo, alguna vez, - y ésta podría ser una contribución de la iglesia luterana - desde la perspectiva de la cruz.

Pues, si uno saca las consecuencias de la teología de Lutero, - más allá de su práctica, que no siempre fue consecuente con su teología -, habrá de convencerse de que el Dios de Jesús no es el Dios del poder, sino al contrario, el Dios que se revela y al mismo tiempo se oculta en la cruz de Jesucristo. La "teología de la cruz", enunciada ya en sus tesis para la Disputa de Heidelberg (26 de abril de 1518), es central en Lutero, no en el sentido de que su espiritualidad se nutra del sufrimiento, ni en el de que se desinterese de otros aspectos de la historia humana de Jesús, sino en la intuición de que la cruz, como ocultamiento y revelación de Dios, está presente en toda la vida y obra de Jesús. En su comentario a la Epístola a los Gálatas escribe Lutero que la "verdadera religión cristiana... no comienza, como otras religiones, desde lo más alto, sino desde lo más bajo"[4].

 Que Dios se oculte en la cruz de Cristo, tiene que ver con la escandalosa realidad de la cruz misma, acto de injusticia, en que Dios está del lado de la víctima. No es éste el lugar donde al ser humano se le ocurra naturalmente ir a buscar a Dios. Al contrario, se lo busca más bien en manifestaciones de poder. Por ello, el anuncio de que a Dios se lo encuentra en la víctima de la cruz es piedra de tropiezo, no sólo para la razón, sino mucho más para la práctica de todas las iglesias.

Una iglesia luterana que quiera servir a Dios y aportar algo al testimonio cristiano en el Chile de hoy ha de ser una que decididamente deje de buscar el poder y que se resuelva a actuar de otra manera, aunque su eficacia sea aparentemente menor. Si verdaderamente creemos en la fuerza del Espíritu, energía del Dios que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos, entonces no necesitaremos imponer la religión apelando a los intereses materiales de aquellos a quienes predicamos el evangelio, ni buscaremos la ayuda del poder para sostener las estructuras financieras o administrativas de la iglesia. La eficacia de la iglesia cristiana no se mide ni por el número de sus miembros, ni por su presencia pública en los medios de comunicaciónn, ni por el número de representantes suyos entre los parlamentarios, concejales o fuerzas armadas. En realidad, es una eficacia que no se puede medir, como tampoco se mide el tamaño de la semilla de mostaza que no guarda proporción con el ramaje que de ella viene. El Reino de Dios viene por la fuerza del Espíritu. Y para dejar actuar esa fuerza, basta comprometerse, como Jesús, por la restauración de relaciones humanas dignas, justas y solidarias , y hacerlo en nombre del Dios de Jesús, a quien se lo encuentra precisamente al afanarse en esta labor.

3. Autoridad y libre examen.

En nuestra época, en que tanto se afirman las libertades - de mercado, prensa y opinión - estamos sin saber qué hacer con una libertad que, por otra parte, es más proclamada que real, como libertad de personas. Por la vaciedad de esa libertad verbalmente proclamada, se buscan autoridades y modelos que la colmen. Por eso aparecen también maestros y gurúes. Por ello se busca iluminación de fuerzas ocultas de la naturaleza o de energías astrales. Por ello también hay pastores que gritan fuerte en las radios y en los púlpitos y buscan afirmar su autoridad propia en una interpretación literal o fundamentalista de la Biblia.

Nuestra sociedad es, por una parte, una sociedad autoritaria - pues aceptó dejarse dirigir dictatorialmente durante 17 años , pero por otra, una que se ha quedado sin orientación por la falla de todas las "autoridades" que antes la dirigían. La tentación es grande, pues, de caer en un seguimiento ciego de nuevos líderes autocráticos, sean éstos políticos o religiosos.

En la época de Lutero, la autoridad externa de la iglesia, la del poder civil y la de los peritos en derecho, suplantaba la relación del ser humano con Dios. Para orientarse en la vida, junto con la suficiencia de la sola fe, la sola gracia y el solo Cristo, Lutero tiene dos afirmaciones complementarias: por una parte, la suficiencia radical de la Palabra de Dios:
·         "sólo la Escritura es la orientadora de la existencia y ella se interpreta a si misma;
·         por otra parte, el convencimiento de la propia conciencia.

 Al dejar afirmado el principio de la suficiencia de la Palabra de Dios, llamó la atención sobre el hecho de que el único principio de interpretación de la Biblia era el testimonio que ella daba, o no daba, de Jesucristo. Por ello, impulsó a estudiar libremente (libre examen) la Escritura, es decir, sin las anteojeras impuestas por la institución eclesiástica. Siguiendo este principio de interpretación, tuvo la libertad de no aceptar como Escritura libros o pasajes donde la claridad del "Dios revelado" en el Evangelio - es decir, la palabra de la gracia y de la salvación - no aparecía.

Con ello, Lutero se opuso a toda pretensión humana de ponerse por encima de la Palabra de Dios: no hay ningún magisterio humano que pueda arrogarse el privilegio de interpretar auténticamente esta Palabra. Tampoco la Biblia en cuanto letra muerta es capaz de interpretarse a sí misma.

Por ello, aunque Lutero nos devolvió la Biblia, sin embargo nos liberó de todo biblicismo o fundamentalismo, para exhortarnos a revivir una relación libre y responsable con la voz viva del evangelio. Él afirmó así con particular fuerza el principio del papel inalienable de la propia conciencia. Recordemos su testimonio en la Dieta de Worms, cuando después de una tregua de un día, respondió así a quienes le pedían retractarse:

"Si no me convenzo por testimonios de la Escritura y razones claras, entonces tampoco puedo creerle al Papa y a los concilios, pues es claro que a menudo se han equivocado y contradicho entre sí. Por ello, las citas de la Escritura que he aportado han ligado mi conciencia y me han hecho prisionero de la Palabra de Dios. Por ello no quiero ni puedo desdecirme, pues hacer algo contra la conciencia propia no es ni seguro ni saludable"[5].

Prolongando su legado en la misma línea, pero con el aporte de una reflexión y práctica contemporáneas, tendríamos que agregar el elemento coloquial o comunicacional a los dos recién señalados de Biblia y conciencia. Donde y cuando fallan las autoridades, la condición para que la referencia al dato bíblico sea un aporte a la formación de la conciencia es la comunicación viviente con otras conciencias en la comunidad de la iglesia, en cuanto reflexión sobre una práctica de vida - lo que quiere decir examen conjunto y discusión. Allí, en la comunicación mutua, en la crítica y el discernimiento llevados adelante democráticamente, en la decepción de todas las autoridades y en la sospecha de cualquier pastor o político que quiera hacer de gurú, jefe o guía espiritual, es donde se puede buscar y encontrar orientación y donde la Biblia puede decirle algo a quienes en ella buscan a Dios.

Aquí es donde el legado luterano de la interpretación bíblica puede ser un aporte a la vez liberador y orientador para la sociedad chilena actual.

4. En vez de angustia, libertad

Pese a sus pretendidas "libertades" - de intercambio, de comunicación, de competencia -, nuestra sociedad actual es generadora de angustia, tal vez, paradójicamente, por haber multiplicado las libertades sin darle espacio ni definición a la libertad. Por tratarse de libertades sin contenido, - libertad de cualquier traba en los ámbitos financiero, económico, laboral y comunicacional -, pero sin tarea ni horizonte social, se produce en muchos, sobre todo en los pobres y en los sectores medios, la terrible sensación de que los espacios de la libertad se reducen y se angostan: no todos pueden usarlos, ni todos saben para qué son libres.

Por otra parte, en virtud de la competencia total, la pretendida libertad en lo laboral y lo económico es falsa, porque está sometida a la obligación de estar "en todas las paradas”, para no perder oportunidades que otros están más que dispuestos a coger al vuelo, apenas uno se descuide. La pérdida de libertad que se produce por la adicción a la droga es significativa de esta angustia: el joven desempleado que es adicto no puede soportar una libertad vacía y sin contenido de futuro, o una libertad vencida por la competencia feroz.

Nuestra sociedad actual exacerba, pues, el miedo o la angustia que todo ser humano siente existencialmente, por experimentarse como un ser fundamentalmente casual o fortuito o prescindible y que no tiene en sí mismo una razón suficiente para afirmarse en la existencia. El mercado laboral busca precisamente seres prescindibles...

La respuesta luterana frente a este menoscabamiento de la libertad no es directa, pero es radical. Al apuntar a que el amor de Dios es la razón fundante y la justificación de la propia existencia, señala dos cosas:

·         Una, que, pese a todos las obligaciones y esclavitudes sociales y a todas las apariencias de ser prescindible, cada ser humano tiene en sí mismo una dignidad propia y una libertad inalienable. Una fe profunda y vivida es capaz, pues, de quitarle al ser humano el miedo y la angustia originales y con ello de devolverle la confianza y el coraje que necesita para levantar una protesta radical frente a cualquier estrechamiento de la libertad por parte de los poderes políticos o sociales[6];
·         La otra, es que la libertad es una tarea y tiene un sentido. La tesis de Lutero sobre la libertad del cristiano es paradójica. Así escribe en su célebre tratado sobre el tema: "Para que podamos saber a fondo lo que es un cristiano y cuál sea la libertad que Cristo te adquirió y dio, de la cual escribe mucho San Pablo, voy a poner aquí dos temas: Un cristiano es un señor libre por encima de todas las cosas y no está sujeto a nadie. Un cristiano es un siervo útil para todas las cosas y está sujeto a cualquiera”.

Al no estar centrado en sí mismo, el creyente no achacará a culpa propia el que su libertad se vea disminuida por obra de los poderes fácticos, ni tampoco luchará por su propia libertad individual. Su fe en Dios le abre a la conciencia de que no hay libertad del individuo sin solidaridad social. Por ello, frente a los poderes sociales y políticos, afirmará que los derechos de todos a la libertad están radicados en el ser social del ser humano, vienen de la voluntad misma de Dios y se orientan a continuar su obra creadora y salvadora.

De ahí que la afirmación de su libertad coincidirá con la realización de su tarea en el mundo por cimentar los derechos del amor de Dios que son los derechos del hombre a ser libre frente a todas las cosas y no sujeto a nadie, para vivir para el bien de todas las cosas, con lo que se sujeta a todas en virtud de la libertad del amor, la que tiene tarea y futuro.

5. Las tareas políticas

En relación con la defensa de la libertad y de sus derechos, quisiera destacar por último la visión que Lutero tiene de las así llamadas “tareas mundanas”. Es lo que se ha dado en llamar la doctrina luterana de los “dos reinos”. En realidad, Lutero no tiene una doctrina sistemática sobre el tema. Pero lo que él ha desarrollado en los escritos en que critica a la iglesia renacentista, al
monaquismo y a los movimientos políticos exaltados de su tiempo, permite, según Ulrich Duchrow[7] , el siguiente esquema

Lutero no separa lo espiritual de lo mundano, sino que, retomando la tradición apocalíptica, contrapone el reinado de Dios con el poder o reino del Maligno. La lucha de Dios contra este enemigo suyo se desarrolla en dos dominios o “regimientos”: el del mundo y el del espíritu, tan íntimamente unidos como el cuerpo y el alma.

El dominio del espíritu es obra exclusiva del Espíritu mismo de Dios que constituye a iglesia verdadera, da a cada individuo la justificación y prepara la vida eterna. Este dominio espiritual no se confunde con institución eclesiástica alguna, pues la iglesia verdadera es oculta y espiritual.

Para la vida en el mundo y la lucha contra el mal en este dominio, Dios ha dotado al hombre de razón, la cual es participación en la bondad y verdad de Dios mismo. En lo individual, el oficio mundano del cristiano es el lugar de su vocación divina, (Beruf es Berufung), y este oficio no es inferior al de la vida monástica. En el nivel social. Dios se sirve de instituciones como la iglesia (con el don de su Palabra, pero no con el ejercicio de poder ni el goce de privilegios), la Política (con el don de la razón y el uso "extraño" de la "espada") y la Economía (en que nuevamente se encuentra al don de la razón).

La distinción introducida entre los dos "regimientos" o dominios no es, pues, de oposición - como la que existe entre los dos "reinos" - sino de complementariedad, sin confusión, entre la acción directa de Dios y la obra humana, individual o social. Con esta distinción, queda excluida toda identificación de alguna "obra" humana (como el monaquismo o una intervención política de la iglesia) con la acción de Dios. La obra humana se realiza gracias al uso de la razón y tiene como objetivo último combatir las consecuencias individuales, políticas y sociales del pecado. Pero, aunque dirigida al Reino de Dios, nunca obra alguna humana podrá tomar el nombre de Dios para justificarse o reivindicarse. Por eso Lutero, que inspiró inicialmente el movimiento de los campesinos de Tomás Müntzer, se distanció luego de la cruzada bélica de este pastor iluminado[8].

En un país como el nuestro, en que por una parte cunde la desilusión con respecto a la política, y por otra parte hay tanto que hacer para que los derechos humanos entren en vigencia, y para pasar de la llamada "democracia tutelada" a un cierto tipo de verdadera democracia participativa, una iglesia cristiana, como la luterana, tiene una función importante al alentar y apoyar en sus miembros una participación plena, según la vocación de cada cual, en la construcción de la sociedad civil. Esa tarea mundana es vocación divina, sin separación, pero también sin confusión.

A manera de conclusión.

¿Se justifica una iglesia luterana en Chile? Si cada uno de nosotros puede dar sus propias razones por la que, siendo cristiano, es luterano, entonces se justifica una iglesia luterana en Chile, por lo menos para cada uno de nosotros. Si además podemos reconocer que entre los temas recién expuestos hay algunos que son útiles para los chilenos, cristianos o no cristianos, entonces hemos hallado en conjunto una respuesta positiva a la pregunta sobre la justificación social de una iglesia luterana para la sociedad chilena. Pero la justificación teórica y doctrinal es una. La práctica es otra. Esa depende de nuestro “coraje de futuro".




[1] Charla de Manuel Ossa en la Convención de la IELCH , Buen Samaritano, Noviembre 1997
[2] In De servo arbitrio, G.W. XXII, 133s, cit. por Philip S. Watson, Let God be God, Fortress Press. Philadelphia, 1947
[3] J. Moingt, El hombre que venia de Dios, vol. II, p. 188. Esta afirmación general se vincula con el pecado que la religión cometió contra Jesús. El contexto inmediatamente anterior del párrafo citado de Moingt es el siguiente: *EI pecado es todo secuestro de la divinidad de Dios, toda usurpación de su soberanía, todo intento de poner la mano sobre él y utilizarlo, de encerrarlo en un lugar e impedirle ser lo que es: el Todo-Otro. Tal fue el pecado, paradigma de todo pecado, perpetrado contra Jesús por unos hombres de religión, que "no saben lo que hacen" precisamente porque han sido engañados por ella".
[4] cit. según o.c. de Watson, cap. IV, nota 7
[5] Cit. según Friedrich Wilhelm Katzenbach, Christentum in der Gesellschaft, Hamburg, 1976, tomo II, p. 5º. La traducción es mía
[6] Hegel ha escrito: “Recién con Lutero comenzó la libertad del espíritu en su meollo”, cit. Gottfried Maron, “Von der Freiheit eines Christenmenschen – Die bleibende Bedeutung Martin Luthers” en Wort und Sakrament, Anstöße und Anregungen zum Luther-Jahr, en Jahrbuch des Ev. Bundes XXVI, Göttingen, Vanderhoeck & Ruprecht, 1983.
[7] Ulrich Duchrow en Zwei Reiche und Regimente, Hrsg. von Ulrich Duchrow, Gutersloh 1977, p. 11- 17.
[8] Cf. o.c. Zwei Reiche... • p. 22. Es de notar que desde el s. 19 se ha deformado el pensamiento de Lutero trasladando su dualismo de los reinos a su distinción de los dos regimientos, el espiritual y el mundano, como si Lutero hubiera escindido el uno del otro. De ahí se ha desarrollado una interpretación de la enseñanza de Lutero, según la cual hay separación entre los dominios de lo personal, lo interior, la conciencia, la piedad, que sería el dominio o regimiento del espíritu -, por una parte, y lo objetivo, lo natural, el deber, el derecho, - regimiento del mundo -, por otra parte, y se ha confinado el cristianismo al primero de los dos dominios. De esta manera, el derecho, la economía, la política serían asuntos "mundanos'', más aún "paganos'' (R. Sohm) que tienen su propia autonomía (Eigengesetzlichkeit, M. Weber) y donde el Sermón de la Montaña no tiene nada que decir. Las consecuencias de esta interpretación de la enseñanza de Lutero han sido graves en todos los lugares y momentos donde las iglesias luteranas han dejado sin crítica que poderes estatales y la razón de estado, supuestamente "autónomos", pisoteen derechos humanos fundamentales, como en la Alemania de Hitler en los años 30 y en el Africa del apartheid... Es cierto que él mismo parece haber dado pie a esta interpretación equívoca, al defender, por una parte, la libertad de conciencia y de religión contra los príncipes con el argumento de que estas libertades pertenecían al "regimiento" del espíritu, el cual no sería de la competencia del príncipe: y al dar instrucciones, por otra parte, respecto al apoyo de los príncipes al orden, visitación y administración de las iglesias. Este hecho muestra, o bien una cierta inconsecuencia de su práctica con su doctrina o una doctrina no suficientemente elaborada en este punto. Cf. o.c. F.W. Katzenbach, Christentum in der Gesellschoft, t. II, cap. VIII

jueves, 29 de octubre de 2015

Mensaje del Taller de Wittenberg (Workshop Wittenberg 2015)


Wittenberg/Alemania 04-09-2015

 “... se veían confundidos porque los oían hablar en su propia lengua”. Hechos 2:6

La Red mundial de jóvenes reformadores y reformadoras de la Federación Luterana Mundial reunió a 140 delegados/as jóvenes en Wittenberg, Alemania, del 22 de agosto al 4 de septiembre de 2015. Los/as participantes provenían de ochenta iglesias miembro de la FLM en sesenta países diferentes. Hemos venido desde las siete regiones de las iglesias de la FLM. Nos hemos reunido para debatir nuestros temas regionales y preparar el culto diario. Durante el Taller hubo oración, culto, presentaciones plenarias, paneles, talleres y charlas en el café mundial. Cada iglesia presentó un póster en la exposición mundial y preparó una presentación cultural para la velada intercultural. Hemos difundido nuestra comunión y labor conjunta a través de varios medios sociales y retransmisiones por Internet (webcasts), que seguiremos usando después de esta conferencia. Los medios sociales nos unen para estar presentes en el mundo. Los/as participantes también pasaron un fin de semana con una parroquia de la Iglesia Evangélica en Alemania Central que les acogió, y un día visitando proyectos sociales y diaconales. Queremos dar las gracias a nuestra anfitriona, la Iglesia Evangélica en Alemania Central, a las catorce parroquias que nos acogieron y a todas las personas que conocimos.

El tema del Taller de Wittenberg era “Liberados y liberadas por el amor de Dios para cambiar el mundo”.

La unidad de Pentecostés sirve como imagen para el Taller de Wittenberg. Personas que se reunieron desde todos los rincones del mundo, hablando diferentes lenguas, pero que estaban unidas por el lenguaje común de la oración y la unidad en Cristo. Estamos aprendiendo a escucharnos los/as unos/as a los/as otros/as mientras celebramos lo que significa para nosotros/as permanecer unidos/as. Estamos llamados/as a trabajar juntos/as por el Reino de Dios en la tierra, a centrarnos en Cristo, y a ver y reconocer su rostro en los/as demás y en el prójimo que sufre esté cerca o lejos. Somos liberados/as para cambiar el mundo gracias al amor de Dios.

Mientras los/as miembros de las iglesias de la FLM celebran la diversidad en la liturgia y las tradiciones, era importante para nosotros/as reflexionar sobre la teología luterana con el fin de recordar la base común en la que apoyarnos. Celebramos el fundamento básico de nuestra fe que se presenta en los sacramentos, la justificación por la gracia y la teología de la cruz. Reconocemos el llamamiento a ser reformadores/as y a proclamar el Evangelio en nuestro tiempo y contexto.

Como luteranos/as, nos preparamos para conmemorar el 500º aniversario de la Reforma y, por eso, era importante para nosotros/as abordar la manera en que entendemos nuestra faceta ecuménica. Nuestro objetivo es promover la comprensión y la cooperación entre las 2 iglesias para encontrar maneras de vivir y caminar juntas como miembros del mismo cuerpo de Cristo. Además de los asuntos ecuménicos, los/as participantes debatieron la importancia del diálogo y las relaciones interreligiosos para la iglesia en la actualidad. Como luteranos/as, somos ciudadanos/as del mundo y del Reino de Dios. Y estos dos conceptos no se pueden separar. La teología de la cruz nos lleva a reconocer la presencia de Cristo en el sufrimiento del mundo, llevándonos a las cuestiones de la justicia social. Proclamar el Evangelio nos insta a afrontar temas como la pobreza, los derechos humanos y la justicia climática y de género, entre otras formas de injusticia, y a tomar medidas al respecto.

Como proceso continuo de estar juntos/as en cuanto comunión de iglesias, reconociendo que provenimos de contextos muy diversos, se proporcionó un espacio a los/as jóvenes reformadores/as para que pudieran expresar libremente sus preguntas y opiniones. Resultó inspirador ver que muchos/as de estos/as jóvenes podían sentarse juntos/as a la mesa con diferentes opiniones y expresarse abiertamente. Fue una oportunidad para entender y respetar las diversas opiniones y todas las posturas de los/as jóvenes de nuestras iglesias miembro hoy sobre los múltiples asuntos importantes que fueron planteados. Somos una comunidad que valora escuchar a los/as demás para aumentar nuestra comprensión de la fe y de la comunión.

Algunos/as jóvenes reformadores/as participaron en la campaña mensual #ayunoporelclima el 1 de septiembre. A través del ayuno, nos solidarizamos y oramos por quienes se ven directamente afectados/as por el cambio climático; estamos comprometidos/as con este asunto e invitamos a otros/as a unirse a nuestra voz mediante la campaña mensual.

Algunos/as jóvenes reformadores/as también han participado en la caminata de oración de peregrinación por la paz, organizada a escala local el 1 de septiembre, que recuerda el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y demuestra visualmente nuestro constante anhelo de paz entre las naciones.

Al estar en Alemania, nos hemos visto expuestos/as a la crisis de los/as refugiados/as que afronta nuestro mundo, específicamente con los/as refugiados/as de Oriente Medio y el norte de África que vienen a Europa. Nos enteramos de que la FLM se formó con el llamamiento a responder a la situación de los/as refugiados/as en Europa hace setenta años. Nuestros encuentros hoy con las iglesias y las noticias locales nos han llevado a conversaciones y oraciones sobre este problema mundial. Nos unimos a las parroquias locales y expresamos nuestra solidaridad con sus esfuerzos en torno a este asunto. Alzamos nuestras voces y oraciones recordando al mundo que todos los seres humanos son creados a imagen de Dios. Ser creados/as a imagen de Dios significa que estamos obligados/as a acoger al/a la extranjero/a y tratarle como nuestro prójimo.

El Taller de Wittenberg sirvió como espacio de establecimiento de contactos para colaborar sobre la identidad luterana en las dimensiones teológica, ecuménica y política, pero también como plataforma para encargar la labor de reforma continua en el propio país. Todos/as los/as jóvenes reformadores/as recibieron formación sobre la planificación y la ejecución de proyectos. En colaboración con equipos regionales, cada iglesia miembro presente ha desarrollado un proyecto de la Reforma viva para reproducir la labor continua de Reforma en su país. Cada proyecto se enmarca en uno de los subtemas de la Duodécima Asamblea de la FLM, cuyo tema principal es “Libres por la gracia de Dios”: “La creación, no está en venta”; “Los seres humanos, no están en venta”, y “La salvación, no está en venta”. Se ha encargado a los/as participantes que completen sus proyectos en los próximos catorce meses. Para ello, están trabajando con equipos mundiales para colaborar y recibir apoyo durante sus proyectos.

Somos jóvenes y estamos comprometidos/as con la iglesia; juntos/as somos una comunidad preparada para cambiar el mundo.  

Estamos agradecidos/as por el espacio que se nos ha brindado y por las oportunidades para compartir con los/as demás, y valoramos que la FLM crea en la gente joven. Queremos dar las gracias a quienes invirtieron en nosotros/as e hicieron que esta experiencia fuera posible. Queremos dar las gracias también al personal, los/as stewards y los/as presentadores/as.

Esperamos que toda la gente joven se una a las conversaciones continuas para que aumentemos nuestra comprensión de la fe y del mundo, y proclamemos el Evangelio en nuestro mundo. Las dos semanas que pasamos juntos/as nos dieron nuevas ideas y herramientas para seguir nuestro camino como jóvenes reformadores/as. Se plantearon muchas preguntas desde la diversidad de nuestras iglesias y no se pudo encontrar respuesta a todas ellas. Por consiguiente, seguimos nuestros estudios y reflexiones sobre lo que significa caminar juntos/as como una comunidad de iglesias.

Invitamos a todos/as los/as jóvenes reformadores/as del mundo a que se unan a nosotros/as participando activamente en la Reforma continua de nuestra iglesia.

Redactado y presentado por jóvenes reformadores y reformadoras de todas las regiones de la FLM:

África Rev. Makarios Mdegella Iglesia Evangélica Luterana en Tanzania
Asia Sr. Ben Bande Iglesia Evangélica Luterana de Papúa-Nueva Guinea
Europa Central del Este Rev. Konstantin Subbotin Iglesia Evangélica Luterana de Ingria en Rusia Europa Central del Oeste Sra. Paula Göhre Iglesia Evangélica Luterana en Baviera
Norte de Europa Rev. Tapio Leinonen Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia
América del Norte Sra. Christine Shander Iglesia Evangélica Luterana en América
América Latina y el Caribe Sra. Thamesha Watson Iglesia Evangélica Luterana en Guyana

miércoles, 19 de agosto de 2015

Jóvenes caminando en la Reforma tres desafíos para nuestra generación.



De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
(2 Coritnios 3:17 RVR1960)

Vamos, contame, decime
Todo lo que a vos de esta pasando ahora
Por que si no, cuando esta tu alma sola llora
Hay que sacarlo todo afuera
Como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Habla mirándose a los ojos
Saca lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas, nuevas...
(Piero. Cantautor latinoamericano)


Quisiera compartir la siguiente reflexión situada en la antesala de la Conferencia Global de Jóvenes Reformadores y Reformadoras, que tendrá lugar en Wittenberg, del 22 de agosto al 4 de septiembre, bajo el lema “Liberados por el amor de Dios para cambiar el mundo”, encuentro que convoca a jóvenes luteranos, estudiantes de teología y líderes ecuménicos de todo el mundo, para reflexionar sobre lo que significa ser luteranos y luteranas hoy en sus contextos y con el mandato de ser Iglesias en constante reforma.

En este espíritu quisiera proponer brevemente tres ideas que marcan un pensamiento personal, nutrido desde mi experiencia local, que intentan aportar a la reflexión de la Iglesia en nuestra generación, e inviten a otros y otras a sumarse en el diálogo sobre cuál es el lugar de las y los jóvenes en el pensar y ser Iglesia hoy.
          
1.- Una Teología desde y para la vida concreta de las y los jóvenes.

Una perspectiva de la Teología Latinoamericana se ha caracterizado por un intento constante de dialogar con la vida, en este sentido con las heridas, lágrimas, risas y celebraciones que cruzan nuestra existencia. No obstante parece ser una crítica muy común a nivel de las y los jóvenes de nuestras comunidades que nuestra teología es más bien del mundo de lo “celestial” como si fuera completamente abstracta, incomprensible e inalcanzable. Pareciera que nuestra teología “adulta” estuviera reservada más bien para la academia, los clérigos y los ancianos.

Un primer desafío que quisiera proponer es hacer teología desde nuestra propia generación, en diálogo con la fe construida en comunidad y la historia de la tradición, una tradición que debe ser re-significada por quienes desean vivir y expresar su fe en completa honestidad y genuinidad o. En este sentido, es necesario que  la teología no quede restringida sólo a lo intelectual o lo discursivo sino que sea una teología holística, que se sienta en nuestro cuerpo, en la interacción con el otro(a), en el encuentro con lo creado.

2.- Un Iglesia inclusiva y no colonial.

En el luteranismo la relación “Iglesia/Nación” no es un tema simple. La situación de algunos países europeos en donde la fe luterana cuenta con un grado de oficialidad y estrecha relación con el estado hace que exista una suerte de “propiedad” de la confesionalidad luterana, propongo: La iglesia no debería identificarse con el estado o la nación, ni consistir en meras costumbres y rituales heredadas de antiguo, ni menos una institución que otorga y recibe status y privilegios

Así mismo en un contexto internacional de tanta violencia en algunas zonas del mundo, la Iglesia debiese actuar globalmente, con espíritu de hermandad y sin fronteras en donde el luteranismo se expresara como una gran familia global, que sigue a Jesús y se moviliza en el horizonte del Reino de Dios y su Justicia. En este sentido desde América Latina, tenemos un desafío mayor y urgente en pensar críticamente lo colonial. Este ejercicio nos podría invitar al re-descubrimiento del sentido de nuestra existencia, coherente con la realidad y la historia de los territorios en que habitamos, para un encuentro con el Dios de vida, re-descubriendo desde nuestras diversas identidades y necesidades, siendo inclusivos con las búsquedas, expresiones y sentimientos desde nuestra generación,

3.- Una Iglesia activa y portadora de esperanza

Quisiera hacer mías las palabras que entrega Manuel Ossa, un querido amigo en un artículo de amplia difusión en Internet, con el título de Jesús en Comunidad:

“En un mundo de frialdad y competencia, de individualismo y soledad, de brutalidad y violencia, hacen falta comunidades donde una chispa como ésa se guarde, se cuide y se expanda, no sólo en provecho del grupo, sino de la sociedad toda entera y con miras a urdir entre todos un proyecto de futuro para el mundo. A ello invita el seguimiento de Jesús en la comunidad llamada iglesia: a retroalimentarse ahí mutuamente con miras a una enorme y maravillosa tarea – si logramos cumplirla. Es una de las invitaciones disponibles en la sociedad y en la historia. Hay también otras igualmente valederas. La nuestra no tendría que entrar a disputar clientelas, sino a reconocer con todas ellas que Dios, es decir, la realidad definitiva que a todos nos engloba, sucede o acontece o sale al encuentro de quienes procuran acercarse y entenderse y amarse, en reciprocidad, igualdad y verdad”.

Hoy no somos los héroes de nuestra Iglesia, ni tampoco los “Cristos” de nuestros mundos, somos su Iglesia, un conjunto de personas convocadas por fe en el amor de Jesús que da testimonio de su mensaje en nuestro mundo, en nuestra generación, en nuestras vidas. El camino a emprender no es otro que asumir el compromiso que nos invita el evangelio, leído con ojos sinceros y voluntades honestas. Es el camino que asumió Jesús y continuaron mujeres, hombres, jóvenes en las diferentes épocas que cruza la historia de la Iglesia.

El caminar rumbo a Wittenberg podría ser un camino de apertura, a re-pensar lo que es ser comunidad de Jesús hoy, dar respuesta a nuestros mundos con interrogantes concretas, re-pensar nuestra fe y nuestra teología en la vida de las y los jóvenes de nuestras comunidades, caminar en una fe genuina, abierta, inclusiva y fraterna que movilice nuestros corazones, que movilice la esperanza para dar testimonio de haber sido liberados por el amor de Dios para cambiar el mundo.

Josaphat Jarpa Ramírez

sábado, 15 de noviembre de 2014

Seguir creyendo en la Comunidad...

Mañana domingo, con un grupo de amigos y amigas que participamos de una comunidad luterana, tendremos un paso importante en la vida comunitaria de esta congregación, y es que nos confirmaremos como miembros de la Congregación El Buen Samaritano de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile. Es sin duda, para mí un paso lindo, pero también lleno de complejidades, y tiene que ver con mi trayectoria de vida que acá comparto muy resumidamente, como ejercicio de memoria y de constructor de mi propia historia.

Encontrándome con Dios.

Nací dentro de un hogar Adventista, ahí me bauticé y conocí lo que es la fe cristiana. Recuerdo lindos momentos en ese lugar, y hasta el día de hoy, tengo admiración por muchas de las formas que tiene de hacer Iglesia los adventistas, en especial mis padres. No obstante, ya teniendo actualmente cierta autonomía en mi manera de comprender a Dios, debo de confesar que tengo grandes diferencias, principalmente por el tema de su teología fundamentalista alejada de la crítica moderna, a la cual yo considero que las diferentes Iglesias debieran haber tenido una respuesta más acertada, al fin al cabo, la teología es humana, y por ende no es palabra de Dios.

A los 13 años, después de vivir una etapa convulsionada en mi vida, por querer revelarme contra lo que se me había establecido llego mi salida de la Iglesia Adventista, mi padres por tratar de protegerme de un ambiente que les causaba un gran daño, ya que me había involucrado de fondo en pandillas, consumos de dorgas y actos delictivos, fue así que de una forma de querer “rehabilitarme” me enviaron a seguir la enseñanza media a Tomé, un lugar que pasa ser importantísimo en mi vida y lugar que -en lenguaje evangélico-, fue donde tuve mi encuentro personal con Jesús.

En Tomé, en la Iglesia Metodista Pentecostal, fue donde mi vida tuvo un cambio radical, conocí personas, solidarias y amables que poco les importaba mi trayectoria anterior, que no era una gran presentación por lo demás, ¿Por quién recibe a un adolescente, con problemas de drogas y delictivos? Sin duda, hasta hoy, esas personas las tengo en mi memoria. Fueron sus prácticas las que me convencieron que Dios habita en una comunidad de personas, con rostros humanos. Esas personas, pasaron a ser mi familia durante los tres años que viví en ese lugar. Como toda relación humana, con altos y bajos, más doy gracias a Dios, por ese tiempo, ya que aprendí a tener una mirada comprometida, y vivir bajo convicciones comunitarias, algo que hoy quisiera volver a vivir intensamente.

El “llamado de Dios”.

Al volver a Santiago, a los 17 años, tenía la posibilidad de volver a la Iglesia Adventista, más mis padres me dieron la posibilidad de seguir el camino que yo había escogido – o bien que la vida, me fue tejiendo-, fue así que busque una Iglesia, de la misma denominación de la que iba en Tomé, una “Metodista Pentecostal”, llegue a una Iglesia, muy humilde en la población de la Frontera en Puente Alto. Llegue tímidamente como un jovencito que quería servir a Dios con todo su corazón, a una Iglesia muy dispuesta a recibir a personas. En ese lugar construí las amistades más lindas de mi vida, con quienes hasta el día hoy, nos acompañamos. Hice todo lo que una persona evangélica pudo haber pensado hacer: Predicaba en las calles, en los días de semana, incluso en los días domingos en el culto general, iniciamos un grupo de evangelismo, clases de escuela dominical, una escuela bíblica, talleres de formación cristiana, operativos sociales, un centro cultural, y un gran etc., en fin, con mucha humildad, pero sin falsa modestia, en ese lugar trabaje incasablemente en poder hacer Iglesia. Por eso mismo, es que hoy, también miro con mucha tristeza la forma en que me fui de ese lugar y en lo que en el tiempo se ha ido transformando, esa Iglesia humilde, de relaciones humanas sinceras, amigables, paso a ser una empresa más del negocio religioso, donde se privilegió el lujo, ante de lo humano. No obstante, esa Iglesia es la que me marco decisiones importantes en mi vida.

En ese tiempo, comprendía que Dios tenía un plan conmigo, creía que me había transformado mi vida para bien y yo sólo quería servirle, en agradecimiento a ese gran amor que recibí. En mi corazón latía fuertemente el deseo de querer servirle y dedicar mi vida para Dios y su Iglesia. Decidí entonces prepararme al ministerio, yo quería ser misionero y servirle con toda mi vida a Jesús. Entre a estudiar al Instituto Bíblico Nacional, siendo hijo de adventistas, sabía que la responsabilidad ministerial, exigía una preparación mayor, mis padres, ambos con estudios teológicos en la Universidad Adventista, a pesar de que nunca se dedicaron al pastorado, veía en ellos una gran preparación para sus tareas eclesiásticas, por lo que entendía que debería haber un compromiso concreto en el estudio de las sagradas escrituras, para todo aquel que sentía un llamado para trabajar en la obra del Señor. Yo sólo quería servir a Dios, dedicada casi todo mi tiempo y mi corazón a esa Iglesia. Fue en ese servicio, en que las personas demostraban una confianza especial, tuve acceso a temas a más sensibles, yo no creía que era un pastor, aunque sabía que lo que hacía era un acompañamiento pastoral. En ese sentido, me di cuenta que el estudio de la Biblia no me era suficiente para realizar una labor efectiva, habían temas que se escapaban de mis manos. Entonces, decidí entrar a estudiar Psicología, mis intenciones era que esa carrera pudiera habilitarme para poder ejercer una labor de servicio mucho más efectiva.

En este mismo tiempo, con el grupo de jóvenes de la Iglesia, comenzamos a pensar como ser una Iglesia que realmente expresará el amor de Dios, la Iglesia de La Frontera, se encontraba en un lugar marginal, la gran mayoría de los hermanos vivían en ese sector y comprendíamos que el amor de Dios, nos invitaba a tener un compromiso social con nuestro prójimo. Iniciamos entonces un proyecto que pasaría a ser unos de los proyectos más importantes de mi vida. Pensamos en crear una organización social, que pudiera expresar el amor de Dios en lo social, como nota al margen, pienso que en ese tiempo, nunca había escuchado de la Teología de la Liberación, de la misión Integral, por ejemplo, no obstante desde nuestra prácticas, hacíamos viva aquella reflexión teológica de nuestra américa latina, aunque eso da para otra nota.

La Misión y Nación Juvenil

El día 21 de Junio del 2007, iniciamos el Centro Cultural Nación Juvenil, teníamos grandes ambiciones como grupo, cada vez que vuelvo a leer lo que fueron nuestros proyectos y aspiraciones me da una profunda emoción el ver lo soñadores que éramos. Fue una experiencia colectiva muy linda, en que participaron personas muy importantes para mí. En tanto en la Iglesia, habíamos sufrido el cambio del Pastor y la lógica de hacer Iglesia había tenido rotundos cambios que fue tensionando mi participación en la Iglesia, con lo que hubo un momento en que no podía más, y opté por salirme, aunque para ser sincero, me fue una expulsión necesaria.

Mi participación en este proyecto, marco un cambio significativo en pensar ser Iglesia, y desde lo que yo pensaba que era el plan de Dios para mi vida. Entendí entonces que la Misión de Dios no era tan sólo en países lejanos o lugares que jamás había escuchado, vi que en mi propio país en mi propia realidad, había que cumplir su misión, el amor de Dios debería ser expresado en el aquí y ahora, en el mismo lugar donde estaba. Paralelo a mi participación en la Iglesia y en el Centro Cultural, intente participar en diferentes organizaciones misionales, MOU, JUCUM, Vida Estudiantil, entre otras, fue este último el que mayor efecto causo, pero contrariamente a sus objetivos, fue al revés de sus aspiraciones. En un proyecto misional, en Lonquimay, donde se trabaja en la evangelización de las comunidades mapuches, no logré comprender porque la prioridad del Cristiano tendría que ser “entregar el mensaje” por sobre “vivir el evangelio”, sentí que los planes de ministerios misioneros como el de Vida Estudiantil, tenía sólo como elemento de realizar el ganar adherentes por sobre el vivir una vida digna. Mi realidad y desde mi historia de vida me obligaban a tener una mirada disidente a la propuesta “misionera”, ya no abrazaba el dualismo, de alma y cuerpo o el desprecio de la vida por tener que salvar el alma. Fue entonces que desilusionado de comprender lo “misional”, que tenían estos ministerios, pensé que –tal vez- Dios tenía otra “misión” conmigo a diferencia de mis hermanos. 

Trate de enfocarme entonces en temas más sociales y políticos, reactivamos el proyecto de Nación Juvenil, pero esta vez con un enfoque en la reflexión teológica y política desde la fe evangélica. En este entonces, me había cambiado de institución teológica después de un frustrado paso por el IBN continúe en la Comunidad Teológica Evangélica de Chile, enviado, irónicamente por un profesor del IBN, escandalizado por una pregunta que le hice, me dijo: “Si usted quiere ser “cabezón”, vaya a estudiar a la Comunidad Teológica, haya están los cabezones, acá la visión de la institución es formar “obreros” y no intelectuales”. Sin considerarme como un intelectual, sabía que unos de los problemas que había en las Iglesias Evangélicas, era el desprecio al pensar y reflexionar críticamente la fe y la vida, fue que a la otra semana llegue a la CTE, lugar que influirá en mi forma de comprender la fe y el mundo.

Mi encuentro con el Luteranismo

Entonces, como estudiante de la Comunidad Teológica Evangélica, militante en Nación Juvenil y sin Iglesia, recibí la invitación de un profesor a participar de una actividad del Centro Ecuménico Diego de Medellín, desconocía tremendamente lo que era el movimiento ecuménico latinoamericano, aunque no recuerdo haber sido anti-ecuménico, me era extraño. Pero al acercarme al CEDM, fue una luz que vi, en ese momento, donde sólo veía una Iglesia, lejana e indolente a los problemas sociales que existía en Chile, conocí una gran cantidad de experiencias de cristianas y cristianos en sintonía con lo que Dios me llamaba. En ese lugar, fue que empecé a relacionarme con el luteranismo chileno, leía sus declaraciones, conocí la historia de Helmut Frenz, y comenzó una suerte de “amor a distancia”, admiraba lo que era el luteranismo, aunque no pensaba formar ser parte, en mi mente existía la idea de que mi aporte iba a ser desde Nación Juvenil a las Iglesias Evangélicas, y desde ahí era suficiente.

Era el 2011, año más que emblemático para nuestra generación, me había cambiado de carrera, por un tema económico no pude continuar psicología y había entrado estudiar Ciencia Política, tenía claro que mi camino, iba ser en la ruta de lo político. A esto, intente militar políticamente, desde la UDI (2008), la JS (2009) y el PRO (2010), fueron mis intentos (En ese orden, si la UDI me “inicie”), aunque nunca logre hallarme en sus lógicas de trabajar, yo venía de experiencias absolutamente comunitarias, donde me sentía un extraño y sinceramente muy poco aporte a la lógica partidista, más bien me hallaba trabajando en lógicas de colectivos y ministerios para-eclesiásticos en donde participe en varios, así fue que el año 2011, me “radicalice”. Opté una posición militante desde la Teología de la Liberación, asumiendo la reflexión teológica desde la realidad latinoamericana, y desde las luchas de los oprimidos, fue que empecé a tener una apertura a temas "pocos canutos" como el feminismo, indigenismo, entre otros. Me involucré en espacios formativos políticos y en el activismo. En fin, año muy movido. En ese entonces, la única Iglesia que tenía una sintonía con lo que yo más bien pensaba, era la Iglesia Luterana.

Nación Juvenil tuvo su fin de ciclo, y en los colectivos que participaba sentía que me faltaba ese algo para mi fundamental que tiene que ver con un tema desde la fe comunitaria. Pretendí volver a participar en una Iglesia, tras breves pasos frustrados en Iglesias “Neo-pentecostales” que al tener cierta apertura a lo moderno en sus cultos, suponía una apertura teológica en su forma de entender el evangelio, me dejo que la clara convicción que solo era una apertura para el “consumidor” religioso pero que era la misma teología dualista, al servicio del capitalismo y lejana de la historia, a la realidad de la cual yo pensaba que tendría que hacerse cargo, en su práctica la Iglesia hoy.

El caminar junto a la comunidad luterana.

En el año 2012, decidí conversar con el Obispo de la Iglesia Luterana, le pedí una cita y me invitó al lugar donde mañana me confirmare, la Congregación El Buen Samaritano en Peñalolén. Cuando llegue (atrasado, como siempre), habían unas 10 personas, no habían personas jóvenes y una liturgia muy fome para alguien que venía de experiencias “carismáticas”, le conté mi historia y me recomendó ir a la Iglesia Luterana en la Trinidad en Ñuñoa, donde había un grupo de jóvenes activo, así fue como llegue a la Trinidad. Mi primera Iglesia Luterana hace dos años, lo positivo que conocía a gran parte de los chiquillos, nos habíamos encontrado en alguna y otra actividad de Nación Juvenil o de la Comunidad Teológica por lo que mi proceso de adaptación social, fue inmediata, creo no así, la adaptación teológica y cultural.

Al iniciar mi caminar en la Iglesia Luterana, lo hice en dos “frentes” uno en la Pastoral de Jóvenes, y en la Misión de la Trinidad en Padre Hurtado, ambas con una participación esporádica, digamos. Me costaba acostumbrarme a una lectura teológica que no conocía. Era todo casi, relativamente nuevo y a eso sumar tras mis pasados “eclesiásticos”, me tenían medio traumado,  no quería tener que vivir una situación de amargura por la religión, trate de ser cuidadoso, e ir como se dice “piano, piano”, mi compromiso más concreto lo experimente en el trabajo en la Pastoral de Jóvenes, en ese lugar fue incluido muy amablemente, mis reconocimientos en esta nota a Nataly que era la presidenta de ese tiempo que confió y me permitió trabajar en algunos talleres, luego colaborando en la organización de un campamento, luego en la coordinación e incluso trabajar en un proyecto de formación, que aunque fue luego frustrado, agradezco esa confianza. Factor importante en esta etapa fue la Pastora Izani, en ese tiempo era la asesora teológica de la Pastoral.

En la Iglesia La Trinidad, la verdad no me sentía muy cómodo, si bien simpatizaba con su mirada teológica y admiraba el trabajo que se desarrollaba tanto a nivel diaconal como en la denuncia profética pública, buscaba un lugar donde podría servir, y la estructura política de la IELCH que se materializaba en la Trinidad, era exageradamente rígida para permitirlo y en los lugares donde se podía servir, demandan un esfuerzo que no podía realizar. A finales del año 2012, había ocurrido una crisis en la Iglesia de La Trinidad, al regresar de una pasantía por tres meses que hice en Perú, habían cambiado varios asuntos en la Comunidad. Si bien, yo no era luterano, ya era parte del grupo como un activo participante en la Pastoral de Jóvenes, por lo que todo era parte de un todo.

En esta etapa fui conociendo algunas aspectos en lo que soy critico al luteranismo chileno, y el hecho que mañana me confirme como luterano, no significa que valide esas prácticas, son asuntos concretos que tienen una lógica teológica de fondo que no comparto y considero que son parte de una identidad luterana, humana, imperfecta, cultural (por ende modificable) a la cual no quiero adherir. Las deseo mencionar para de alguna manera visibilizar donde, desde mi observación, no estamos caminado bien y se requiere mi compromiso como el de otros para remediarlo.

Desde mi experiencia:

No comparto el exacerbado uso burocrático que tiene la administración de la Iglesia.
No creo que la preocupación de la sostenibilidad económica debiera ser más importante que la misión de la Iglesia.
No creo en el clasismo que se promueve desde el luteranismo como superiores a los otros evangélicos por tener una lectura teológica más moderna.
No creo en el clericalismo que se manifiesta en la Iglesia, tanto es sus liturgias y prácticas funcionales.
No creo que el culto dominical sea el lugar más importante de la Iglesia, ni que este sobre la experiencia comunitaria, fuera o dentro de la esfera religiosa.
No creo que en la jerarquización, aunque esta se asuma necesaria, creo que cada vez se debiera caminar por sendas más horizontales e igualitarias.
No creo que el abuso de poder sea una práctica cristiana, más aún cuando es ejercida por quienes se les ha otorgado ese poder desde la Iglesia.
No creo que la inclusividad cuando esta es sólo discurso público y no se hace cargo de manera concreta en la práctica de las vidas de Iglesias.  

El Buen Samaritano.

En abril del 2013, llega de Osorno a Santiago la Pastora Izani a trabajar en la Congregación el Buen Samaritano, era una buena noticia, era una amiga, compañera que llegaba a trabajar, una persona que aún creía de utopías y no renunciaba a soñar en la construcción de una Iglesia con corazón y pies en la tierra, me animé a hablar y ofrecer mi ayuda para colaborar en la Iglesia. En mi contexto, no era fácil, había ya tenido todo un recorrido donde lo único que había crecido era la incredulidad al proyecto de ser Iglesia. No obstante, la confianza que deposito en mí, gatilló para que también yo pudiera entregar confianzas y fue como empecé a participar de algunas actividades esporádicamente. A inicios del 2014, tuve la oportunidad de realizar un diagnóstico para un proyecto a realizar en la Iglesia El Buen Samaritano, ese trabajo me permitió conocer la vida de esta comunidad, sus fortalezas, debilidades, sus mañas y virtudes, como su hermosa historia de resistencia y lucha. 

Ha sido un lindo caminar, es por eso que mi confirmación de mañana la veo como un paso para servir y servir juntos con mis hermanos y hermanas de la comunidad, unirme para fortalecer mi fe, desde la vida de ellas y ellos. En simples palabras me gusta la vida comunitaria de la Iglesia El Buen Samaritano y me inspira ser parte de ella, no es perfecta, es desafiante, pero eso me permite seguir creyendo en el cristianismo y en la Fe de Jesús, como construcción de utopías y espacios de vida plena materializados. Es en este mismo lugar donde van mis amigos y amigas, algunos de ellos muy importantes para mi vida actual, por lo que el hecho de participar de la comunidad me permite seguir creyendo en algo, que comencé a creer hace años, y es creer con todo mi corazón, que la fe de Jesús que movilizó a un grupo de personas a conformar comunidades donde el espíritu de Dios acontecía, el cual otorgaba luz y esperanza, para vivir el Reino de Dios, sigue siendo lo que nos da sentido, de ser Iglesia, hoy.

Creer en la vida comunitaria, donde en el otro y en la otra ver a Dios, porque él habita en comunidad.
Creer que yo no puedo sólo, sino necesito de otros para vivir, una vida que no sea la reproducción de un sistema de opresión, enajenante, que castiga a unos en beneficioso de otros.  
Creer en una comunidad, donde pueda amar, y donde también pueda sentirme amado, una comunidad de personas que se aman.
Creer que en una comunidad donde pueda pensar mi fe, y nutrirme desde las experiencias de otros, que alteren mi realidad, mi mirada, mi comprensión de la existencia.
Creer que en la vida comunitaria de forma solidaria, porque en lo concreto no debería estar el egoísmo.
Creer en la vida comunitaria porque me posibilita seguir siendo discípulo, para aprender y re-aprender, incluso de asuntos que hoy conforman mis verdades “irrevocables”.
Creer en la vida comunitaria, porque me da esperanza que a través de ella, otros mundos son posibles. 

15 de Noviembre del 2014