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miércoles, 19 de agosto de 2015

Jóvenes caminando en la Reforma tres desafíos para nuestra generación.



De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
(2 Coritnios 3:17 RVR1960)

Vamos, contame, decime
Todo lo que a vos de esta pasando ahora
Por que si no, cuando esta tu alma sola llora
Hay que sacarlo todo afuera
Como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Habla mirándose a los ojos
Saca lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas, nuevas...
(Piero. Cantautor latinoamericano)


Quisiera compartir la siguiente reflexión situada en la antesala de la Conferencia Global de Jóvenes Reformadores y Reformadoras, que tendrá lugar en Wittenberg, del 22 de agosto al 4 de septiembre, bajo el lema “Liberados por el amor de Dios para cambiar el mundo”, encuentro que convoca a jóvenes luteranos, estudiantes de teología y líderes ecuménicos de todo el mundo, para reflexionar sobre lo que significa ser luteranos y luteranas hoy en sus contextos y con el mandato de ser Iglesias en constante reforma.

En este espíritu quisiera proponer brevemente tres ideas que marcan un pensamiento personal, nutrido desde mi experiencia local, que intentan aportar a la reflexión de la Iglesia en nuestra generación, e inviten a otros y otras a sumarse en el diálogo sobre cuál es el lugar de las y los jóvenes en el pensar y ser Iglesia hoy.
          
1.- Una Teología desde y para la vida concreta de las y los jóvenes.

Una perspectiva de la Teología Latinoamericana se ha caracterizado por un intento constante de dialogar con la vida, en este sentido con las heridas, lágrimas, risas y celebraciones que cruzan nuestra existencia. No obstante parece ser una crítica muy común a nivel de las y los jóvenes de nuestras comunidades que nuestra teología es más bien del mundo de lo “celestial” como si fuera completamente abstracta, incomprensible e inalcanzable. Pareciera que nuestra teología “adulta” estuviera reservada más bien para la academia, los clérigos y los ancianos.

Un primer desafío que quisiera proponer es hacer teología desde nuestra propia generación, en diálogo con la fe construida en comunidad y la historia de la tradición, una tradición que debe ser re-significada por quienes desean vivir y expresar su fe en completa honestidad y genuinidad o. En este sentido, es necesario que  la teología no quede restringida sólo a lo intelectual o lo discursivo sino que sea una teología holística, que se sienta en nuestro cuerpo, en la interacción con el otro(a), en el encuentro con lo creado.

2.- Un Iglesia inclusiva y no colonial.

En el luteranismo la relación “Iglesia/Nación” no es un tema simple. La situación de algunos países europeos en donde la fe luterana cuenta con un grado de oficialidad y estrecha relación con el estado hace que exista una suerte de “propiedad” de la confesionalidad luterana, propongo: La iglesia no debería identificarse con el estado o la nación, ni consistir en meras costumbres y rituales heredadas de antiguo, ni menos una institución que otorga y recibe status y privilegios

Así mismo en un contexto internacional de tanta violencia en algunas zonas del mundo, la Iglesia debiese actuar globalmente, con espíritu de hermandad y sin fronteras en donde el luteranismo se expresara como una gran familia global, que sigue a Jesús y se moviliza en el horizonte del Reino de Dios y su Justicia. En este sentido desde América Latina, tenemos un desafío mayor y urgente en pensar críticamente lo colonial. Este ejercicio nos podría invitar al re-descubrimiento del sentido de nuestra existencia, coherente con la realidad y la historia de los territorios en que habitamos, para un encuentro con el Dios de vida, re-descubriendo desde nuestras diversas identidades y necesidades, siendo inclusivos con las búsquedas, expresiones y sentimientos desde nuestra generación,

3.- Una Iglesia activa y portadora de esperanza

Quisiera hacer mías las palabras que entrega Manuel Ossa, un querido amigo en un artículo de amplia difusión en Internet, con el título de Jesús en Comunidad:

“En un mundo de frialdad y competencia, de individualismo y soledad, de brutalidad y violencia, hacen falta comunidades donde una chispa como ésa se guarde, se cuide y se expanda, no sólo en provecho del grupo, sino de la sociedad toda entera y con miras a urdir entre todos un proyecto de futuro para el mundo. A ello invita el seguimiento de Jesús en la comunidad llamada iglesia: a retroalimentarse ahí mutuamente con miras a una enorme y maravillosa tarea – si logramos cumplirla. Es una de las invitaciones disponibles en la sociedad y en la historia. Hay también otras igualmente valederas. La nuestra no tendría que entrar a disputar clientelas, sino a reconocer con todas ellas que Dios, es decir, la realidad definitiva que a todos nos engloba, sucede o acontece o sale al encuentro de quienes procuran acercarse y entenderse y amarse, en reciprocidad, igualdad y verdad”.

Hoy no somos los héroes de nuestra Iglesia, ni tampoco los “Cristos” de nuestros mundos, somos su Iglesia, un conjunto de personas convocadas por fe en el amor de Jesús que da testimonio de su mensaje en nuestro mundo, en nuestra generación, en nuestras vidas. El camino a emprender no es otro que asumir el compromiso que nos invita el evangelio, leído con ojos sinceros y voluntades honestas. Es el camino que asumió Jesús y continuaron mujeres, hombres, jóvenes en las diferentes épocas que cruza la historia de la Iglesia.

El caminar rumbo a Wittenberg podría ser un camino de apertura, a re-pensar lo que es ser comunidad de Jesús hoy, dar respuesta a nuestros mundos con interrogantes concretas, re-pensar nuestra fe y nuestra teología en la vida de las y los jóvenes de nuestras comunidades, caminar en una fe genuina, abierta, inclusiva y fraterna que movilice nuestros corazones, que movilice la esperanza para dar testimonio de haber sido liberados por el amor de Dios para cambiar el mundo.

Josaphat Jarpa Ramírez

lunes, 25 de mayo de 2015

Les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!


Les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!

Josaphat Jarpa[1]

Este sábado 24 se realizó la Beatificación de Monseñor Romero en San Salvador, un evento que en particular me da una alegría, sin ser parte de la Iglesia Católica Romana, reconozco el simbolismo que trae consigo un acto de alto reconocimiento a una figura identificada con las luchas populares en América Latina.  Recuerdo la vez que estuve en Costa Rica, en el DEI, donde tuve la oportunidad de conocer a María, una mujer Salvadoreña que trabaja en las zonas marginales del Salvador rescatando a niñas y niños de las pandillas y maras, cuando escuche por voz de ella el testimonio de Romero, imaginaba a las “Marias” de la Biblia anunciando al Cristo resucitado, una conversación llena de un profundo amor y admiración, en ese momento comprendí la relevancia de la persona de Romero para quienes todos quienes se identifican con la Iglesia de los pobres. Un sacerdote comprometido con la lucha de su pueblo, el cual fue asesinado en plena homilía, su testimonio como sus palabras parece ser aún imborrables en la memoria colectiva de toda Latinoamérica, y hoy más aún, en cada estudiante chileno, tras los últimos sucesos que nos han bañado de pena, dolor y rabia.

Hace una semana sufríamos la perdida de dos compañeros asesinados en Valparaíso, Ezequiel y Diego, sólo pasaron días cuando recibíamos la noticia de Rodrigo Avilés, quien fuera abatido por la acción de fuerzas especiales de carabineros, dejándolo en un delicado estado en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso. Estos casos, se suman a una larga lista de estudiantes lastimados en manifestaciones por demandas en el ámbito de la educación, sin embargo, no sólo los estudiantes han sido víctimas de la violencia del Estado chileno, el caso mapuche, Freirina, Aysén, son otros de muchos casos más que no se pueden aislar a la hora de revisar el orden funcional del ejercicio de la violencia, la des-valorización de la vida y la indolencia a las luchas populares.  

En nuestra sociedad se ha ido internalizando un imaginario desastroso para la convivencia humana, en algunos medios se difundían algunas fotos de Giuseppe Briganti Weber presunto homicida de Ezequiel y Diego, las imágenes lo mostraban con mucho dinero en sus manos, autos, armas, objetos que en el imaginario actual dominante, tienen un lugar de absoluta veneración, es que en esta sociedad se nos enseña a ganar dinero y contribuir para el “progreso”, del cual no hemos sido parte de su definición, de repente, nos hemos visto obligados llegar a la adultez, para “producir” y darle continuidad a un sistema que no te permite ponerlo en duda, porque el castigo simbólico y material, es inmediato. Nos obligan a mirar al otro como nuestro enemigo, nuestro rival, y nos hacen correr en la vida como una gran competencia, en donde si te quedas, te mueres y no hay quien te salve. El hecho que se le dispare a dos jóvenes, por una “posible” amenaza otorga garantías para quien pretenda “asegurar” su bienestar sea validado socialmente, pareciera que cualquier persona pudiera poner en su lugar a los jóvenes que no se adecuan al orden del sistema.

Oscar Romero des-ordeno su imaginario conservador, leyó su mundo y logro interpretar al verbo de Cristo desde las lágrimas salvadoreñas, llamo la atención de la Iglesia a tomar posición concreta por la paz.

“Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se cometen no es verdadera Iglesia de Jesucristo… Y por eso la Iglesia sufre el destino de los pobres: la persecución. Se gloría nuestra Iglesia de haber mezclado su sangre de sacerdotes, de catequistas y de comunidades con las masacres del pueblo, y haber llevado siempre la marca de la persecución.” [2]

Ni sus palabras, ni las lágrimas del pueblo salvadoreño acabaron con su muerte, según el Informe para la discusión Violencia juvenil, maras y pandillas en El Salvador[3]: “En los últimos quince años, la región norte de Centroamérica -Guatemala, El Salvador y Honduras presentan un acelerado crecimiento de violencia y criminalidad. El Salvador presentó una tasa de homicidios de 55 por cada cien mil habitantes en 2008, a razón de 10 y 12 homicidios diarios. La cifra es alarmante y rebasa el promedio de homicidios que ocurren en otros países de Latinoamérica. Esta situación de violencia, asociada a múltiples factores históricos, políticos y sociales, contribuye a hacer de la violencia un medio utilizado por muchos sectores y actores para mantener o ganar poder, resolver conflictos y beneficiarse económicamente”. La lógica de las guerrillas, construyen idearios de convivencia, que hoy mantienen el sufrimiento en el pueblo del Salvador. Nosotros en Chile, aún no podemos abandonar el desprecio a la vida que tanto difundió la dictadura militar.

Hoy Romero va de camino a ser Santo para la Iglesia Católica y América Latina sigue llorando por las inequidades, sigue siendo abusada por el poder, castigada por la “Oligarquía”, asesinada por sus militares. Hoy desde la institucionalidad saludan a un mártir que dio su vida, otros lo seguiremos viendo como un seguidor de Jesús que encarno su fe en la proclamación del Reino de Dios en una tierra dominada por inequidad que le arrebato la vida, tal cual le rebataron la vida a nuestros compañeros. Monseñor Romero en un contexto de completa neblina, veía luz que vale la pena volver a escuchar.

«La situación me alarma, pero la lucha de la oligarquía por defender lo indefendible no tiene perspectiva. Y menos si tiene en consideración el espíritu de combate de nuestro pueblo. Inclusive, pudiera registrarse un triunfo efímero de las fuerzas al servicio de la oligarquía, pero la voz de la justicia de nuestro pueblo volvería a escucharse y, más temprano que tarde, vencerá. La nueva sociedad viene, y viene con prisa» [4]

A propósito de la Beatificación de Oscar Romero, asesinado hace 35 años por escuadrones de la muerte de ultraderecha, y la pena que nos embarga en Chile por la represión de nuestra sociedad, la muerte de nuestros compañeros, es necesario rescatar las palabras de quien resucito en el Pueblo latinoamericano, una vez asesinado y que la institución católica le llamará Santo.

“Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía, de los cuarteles: “Hermanos son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos! Y ante una orden de matar que dé un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice “¡No matar!”…Ningún soldado está obligado a obedecer una orden en contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La iglesia defensora de los derechos de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas, si van teñidas de tanta sangre…

“En nombre de Dios, y en nombre de éste sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”[5]

En memoria de Ezequiel y Diego.




[1] Estudiante de Teología en la Comunidad Teológica Evangélica de Chile.
[2] Homilía 17 de Febrero de 1980.
[3] el Informe para la discusión Violencia juvenil, maras y pandillas en El Salvador. 2007 Disponible en: [http://www.interpeace.org/publications/central-american-youth-programme/35-youth-violence-maras-and-pandillas-in-el-salvador-spanish/file]
[4] Entrevista de Prensa Latina, 15 de febrero de 1980; La voz de los sin voz, p. 445
[5] Homilía 23 de Marzo de 1980

martes, 31 de marzo de 2015

Apoyo y Solidaridad con Jorge Costadoat, SJ


El Gran Canciller de la P. Universidad Católica de Chile y Arzobispo de Santiago, Monseñor Ricardo Ezzati, ha comunicado al profesor P. Jorge Costadoat sj, la no renovación de la misión canónica para enseñar en la Facultad de Teología de dicha Universidad. En la práctica ha despedido a un profesor que lleva más de 20 años trabajando en la Facultad. El Sr. Decano de la Facultad de Teología conoció la medida por intermedio del mismo afectado. Previamente él había solicitado al Arzobispo la renovación de misión para el P. Costadoat, acogiendo el parecer del Consejo de Facultad y del Consejo de Calificación Académica. La decisión, por tanto, no ha sido consecuencia de una mala evaluación académica de parte de las autoridades de la Facultad, ni tampoco es efecto de un debido proceso doctrinal.

Consideramos que el procedimiento seguido por el Gran Canciller de la P. Universidad Católica de Chile es de la mayor gravedad. El año pasado, con ocasión de la discusión sobre la reforma educacional, él mismo defendió públicamente la libertad de enseñanza. Sin embargo, en este caso, incumple su compromiso de respetar la libertad de cátedra del profesor. No es sostenible una libertad de enseñanza en la Universidad sin que exista libertad de cátedra. Esta medida pone en duda la misión propiamente universitaria de la P. Universidad Católica de Chile, y ofende el cultivo de la verdad. El Arzobispo pretende custodiarla mediante la coacción sobre la conciencia, en este caso de los académicos. El Papa pidió en el reciente Sínodo sobre la Familia, “hablar con libertad, escuchar con humildad”. El Arzobispo no permite que esto suceda en la Facultad de Teología.

Al comunicar la decisión, explícitamente le señaló al profesor que no había problema doctrinal ni en su enseñanza ni en sus escritos, pero que enseñaba con mucha libertad. Luego, ha sostenido que posee razones suficientes. No son éstos motivos universitariamente aceptables, pues no satisfacen exigencias básicas de razón pública, especialmente si se sabe que la decisión no se funda en la opinión académica de personas competentes, ni en el juicio de sus pares teólogos de la Facultad, sino que aparece como una decisión arbitraria que atropella la libertad académica. Exonerar al P. Costadoat, no sólo le daña a él, sino también a la Facultad de Teología, a los estudiantes que se forman allí, y a toda la comunidad universitaria, que deberá tomar nota que en lo sucesivo el ejercicio de su propia libertad de cátedra estará sometido a censura y eventuales castigos por parte de la autoridad eclesiástica, prescindiendo de la opinión de la autoridad universitaria y de procedimientos transparentes. ¿Quién ha informado al Arzobispo que el profesor Costadoat “enseña con mucha libertad”? Lamentablemente, se instala así un ambiente de suspicacia que promueve el acomodo sumiso y limita la indispensable creatividad académica.

Expresamos nuestro más enérgico rechazo a esta medida y al procedimiento seguido para materializarla. Queremos instituciones con procedimientos abiertos, sujetos a razón y justicia.

Manifestamos asimismo nuestro apoyo y agradecimiento al P. Jorge Costadoat sj por su dedicada labor teológica. Él es un académico de excelencia, que combina erudición y piedad.

Como teólogo de los signos de los tiempos ha tendido puentes para un mejor diálogo de la Iglesia con el mundo, de la fe con las ciencias y la cultura. Pensamos que la revocación de la medida es una exigencia de justicia, y también de responsabilidad para con la propia P. Universidad Católica de Chile. Por ello, la solicitamos a la autoridad correspondiente.

sábado, 28 de marzo de 2015

En memoria de los Hermanos Vergara


Hermanos nuestros
Que están en nuestras memorias
Recordado sean sus nombres
Venga a nuestro corazón, la memoria, en este día y gritar:
¡Hágase la voluntad de los que luchan!
¡Acá en la tierra! ¡Aquí y ahora!
Queremos el pan cada día, para toda nuestra gente.
No queremos más ofensas, ni explotación, ni violencia
Ya hemos perdonado mucho.
A los que nos ofenden;
Más no queremos ser nosotros el opresor
Y queremos librarnos de este mal.

Porque otro reino es posible.
Otro poder es posible
Otra Gloria es posible

Desde ahora, en la esperanza.
Amén.

En memoria de Rafael y Eduardo.

29 de marzo de 2015

martes, 17 de febrero de 2015

¿A quién representa Javier Soto? Evangélicos, Identidad y Representatividad.

Soto con Mathey, candidata de la Derecha en pleno proceso de Campaña presidencial. 


Javier Soto, sin querer queriendo, ha puesto nuevamente en disyuntiva la identidad evangélica, ¿Qué significa ser evangélico en Chile hoy? ¿Quiénes son nuestros representantes? ¿Cuáles son los valores que promueve el evangelio?

El tema de la “representatividad” es un tema lleno de complejidades. La génesis de las Iglesias evangélicas, no es otra que la disidencia a los postulados de la Iglesia Católica durante el siglo XV, que luego desemboca en 1517 en la Reforma protestante. El surgimiento de una gran cantidad de movimientos religiosos contrarios la Iglesia Católica, y a la vez, disidentes a las nuevas propuestas de cristiandad que iban surgiendo bajo el lema de “La Reforma”, va instalando diversos movimientos bajo el paraguas del Cristianismo. De ahí hasta el día hoy existen diversas expresiones cristianas no Católicas, identificadas como Iglesias Protestantes y/o Iglesias Evangélicas.

Diferentes esfuerzos se han realizado para llegar a la unidad institucional de los diferentes movimientos evangélicos, datan de una importante cantidad de encuentros fallidos como lo fue de la Alianza Evangélica en Londres en el siglo XIX donde por el tema de la esclavitud no se llegó a consensos definitorios, hasta ya el año 1851. Otra alianza que se trató de realizar fue la del Concilio Mundial de Iglesias, que nace de la post-guerra, y reúne a las iglesias protestantes mayormente de Europa, desde ahí en 1974 se van del CMI las Iglesias más conservadoras y realizan el encuentro de Lausana, como otro intento de unificación dentro del protestantismo. Es decir, a nivel global, no existe tal representación única, son distintas Iglesias y movimientos que comparten lugares de encuentro, pero que no significa necesariamente la “unidad doctrinal”, lo cual no existe. No existe tal Vaticano evangélico.

En América Latina fueron dos principales agrupaciones que intentaron reunir a las diferentes iglesias protestantes y evangélicas, su rol no fue el de instalar normas juridiccionales a las Iglesias miembros, sino más bien de diálogo y cooperación en desafíos comunes, estas son la Confraternidad Evangélica Latina (CONELA) que representaba el sector más conservador y el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) a los sectores progresistas.

En Chile el mapa evangélico lo podríamos identificar en tres principales grupos:

1) Las Iglesias Históricas (también de Trasplante o de Migración): Iglesias provenientes de Europa y los Estados Unidos, entre las cuales están las Iglesias Luteranas, Anglicanas, Reformadas, Metodistas; con sistemas de gobiernos democráticos, sus pastores mayormente tienen una formación teológica de 5 o más años. En este grupo de Iglesias es posible encontrar las vertientes más antagónicas de la política chilena, personas afiliadas desde la UDI hasta el PS que incluso pueden participar de la misma denominación. Así también acá se encuentran los sectores progresistas o “liberales” del mundo evangélico. Sus miembros pertenecen al sector medio alto y medio bajo de la sociedad.

2) Las Iglesias Misionales o Evangelicales: Iglesias de identidad “misioneras”, provenientes desde el Sur de los Estados Unidos, entre las cuales están las Iglesias Bautistas, Aliancistas, Centros Bíblicos; con sistemas de gobierno congregacionales, los pastores mayormente con una formación teológica conservadora, hija del fundamentalismo evangélico que nace en EEUU a principios del siglo XX, enemigos del liberalismo teológico, el humanismo, el feminismo, el ecumenismo y el comunismo. Identificadas con la “American Religion”, difunden poderosamente su visión teológica a través de los tele-evangelistas y una gran movilización misionera. En los años 70 en plena época de las “revoluciones Latinoamericanas”, se levanta desde este sector un movimiento evangélico disidente a la dependencia teológica norteamericana, que pasa luego llamarse la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Esta logró convocar a un importante grupo de pastores, líderes e intelectuales evangélicos que se distancian de la teología fundamentalista y crean una nueva lectura teológica desde América Latina, llamada “Misión Integral”.

3) Las Iglesias Pentecostales: En términos cuantitativos, este es el sector más importante y por lo mismo lo subdividiremos en tres grupos para una mejor comprensión:

a. Iglesias Pentecostales Tradicionales o Históricas: El movimiento Pentecostal chileno nace en 1909 en el seno de la Iglesia Metodista en lo que se ha denominado el “Avivamiento Pentecostal”. Desde esa primera separación han sido tres Iglesias las más emblemáticas dentro del movimiento pentecostal: La Iglesia Evangélica Pentecostal, la Iglesia Metodista Pentecostal y la Iglesia Unida Metodista Pentecostal. Sus sistemas de gobiernos son jerárquicos, sus pastores son designados, sin el requisito de haber tenido alguna preparación teológica, por ende la influencia de los sectores fundamentalistas en la teología pentecostal provoca una indefinición a pesar de los intentos de algunos intelectuales pentecostales de hacerlo, ya que se le otorga una mayor relevancia a la práctica que a la teorización de la fe. Sus miembros se encuentran mayoritariamente en los sectores populares, y su identidad política es desconocida, ya que habita un discurso dualista de lo sagrado y lo profano, excluyendo entonces a la política y lo político dentro de los intereses discursivos de las comunidades.

b. Iglesias Neo-Pentecostales: Iglesias que tienen una matriz pentecostal, pero que han reformulado sus prácticas litúrgicas. Algunas de ellas provienen de EEUU y de países latinoamericanos, como las Asambleas de Dios, las Iglesias de la Viña. El sistema de gobierno es diverso aunque mayormente tiene una centralidad pastoral, los pastores tienen una formación teológica en centros ligados al fundamentalismo, aunque también dentro de este mismo grupo de iglesias existen otros movimientos teológicos como la teología de la prosperidad o la reforma apostólica profética. Sus miembros se encuentran en los sectores medios bajos, aunque en estos últimos años se han acercado con mayor fuerza a sectores medios altos de la sociedad.

c. Iglesias Pentecostales Autónomas: Iglesias hijas de las Iglesias Pentecostales “tradicionales”, o subdivisiones de otras Iglesias Pentecostales Autónomas. Mayormente mantienen la doctrina de sus Iglesias Madres, aunque gozan de mayor libertad teológica/doctrinal al no estar en una estructura institucional. Estas Iglesias nacen de las iniciativas de hermanos que deciden conformar nuevas comunidades, que luego se siguen subdividiendo. No es requisito la formación teológica para ser pastor, sino más bien su testimonio. Al no tener una sistematización teológica propia, absorben del pensamiento evangélico hegemónico, principalmente de los medios de comunicación evangélicos como es la Radio Armonía, y el Canal ENLACE TBN. Curiosamente, es en este sector donde existe mayor participación política, mayormente identificados con las proclamas de la derecha en relación a la moral sexual. Es en este grupo, donde precisamente se encuentran personas como Emiliano Soto, presidente de la Mesa Ampliada, así como de quien nos hemos ocupado en escribir, el sr. Javier Soto.

Este breve mapa es un intento de visibilizar lo complejo de resolver cuando hablamos de “representatividad” dentro del sector evangélico, por ende pensar la posibilidad de la representación plena de las Iglesias evangélicas es una ingenuidad o simplemente una muestra de clara ignorancia, mezclada con arrogancia.

Se reconozca o no, Javier Soto no representa únicamente a un sector religioso minoritario, sino también al de una sociedad vestida en la uniformidad cultural que ve amenazante cualquier intento de “distorsión” al modelo implantado desde la elite, en torno al vivir “correctamente”. Todo acto que vaya en contra de la desnaturalización de las lógicas de orden es un ataque directo para quienes viven en lugares de privilegios en un territorio colonizado, entre tantos aspectos en el control de los cuerpos y la moral sexual. Los medios de comunicación en busca de sintonía han utilizado a Javier Soto para la exacerbación del morbo y el sensacionalismo, alimento fundamental para mantener al público, distraído en otro foco de atención, que busca de manera inconsciente buscar culpables para la tragedia de su vida.

Javier Soto, nos invita indirectamente a reflexionar sobre nuestra identidad y nuestros valores ¿Qué es ser evangélico? Es la pregunta concreta. En ese sentido, Soto tiene una propuesta ya difundida: Ser evangélico es defender los “valores” instalados desde una sociedad de privilegios, reducidos a temas como el Pacto de Unión Civil, la despenalización del embarazo y la Ley de la Identidad de Género, son los elementos definitorios según él y sus cómplices, el ser o no ser evangélico.

En la Biblia en el libro de Mateo 7: 13 - 14, se encuentra una conocida parábola de las dos puertas:
“Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran”.

Mi lectura, en este contexto la realizo pensando en el camino que ofrece la religiosidad que abraza al poder, un camino cómodo, que busca privilegios y reconocimientos. Así se puede ver en la figura de Javier Soto, su interés de perseguir las cámaras para gozar de admiración de los sectores más reaccionarios de los evangélicos, y de la derecha conservadora. La destrucción de vidas es finalmente su fin. Así también la otra puerta, estrecha, la interpreto como el camino que cada vez más evangélicos han ido asumiendo, el cual donde han re-planteado sus posiciones frente a los diferentes temas, algunos se han abierto al debate, otros a concretas acciones de inclusión. Sin duda, y no engañaré a nadie, son grupos minoritarios desde las Iglesias Evangélicas. No obstante, existen y eso otorga esperanzas.

La existencia de comunidades cristianas, desde el discipulado de Jesús, no es otro de ser comunidades que atiendan al herido, ser comunidades sanadoras, que amen y promuevan espacios contra-culturales en una cultura de violencia y egoísmo. En una sociedad uniformadamente violenta, tener una propuesta de paz es un llamado al desorden del sistema, a pesar que se tache como absurdo en las mentes más alineadas, bajo la idea envasada de “siempre ha sido así y por eso nunca cambiará”. La Promoción del diálogo humano, amable, como una conversación horizontal, respetuosa con el otro, en especial con quienes luchan por vidas dignas, desde la misericordia, la justicia y la solidaridad, profundos valores que promueve el evangelio en la Biblia, profundos valores que debemos abrazar como evangélicos.

Algunas voces desde sectores que critican a Javier Soto dicen: “Estamos de acuerdo con el fondo, no con la forma”. No estamos en tiempos de hacer críticas superficiales, donde finalmente se termina por legitimar un discurso que su consecuencia no es otra que la brutal amenaza de la materialización del odio. Es necesario asumir compromisos concretos con todo lo que eso implica, debemos reconciliarnos con la honestidad, con la verdad del Evangelio. Muchos evangélicos hoy, algunos en lugares de bastante influencia, viven en una cobardía absoluta con la verdad, desprecian la confrontación con lo que realmente creen que haría Cristo, por temor al desprecio de los sectores conservadores reaccionarios. Es urgente que muchos hermanos y hermanas salgan del closet de la indiferencia, y abran las puertas de la inclusión, que rechacen el odio en sus discursos y celebran la aceptación a la diferencia, que tengamos nuestras manos abiertas, dispuestas para trabajar en los valores del Reino de Dios, escritos en la Biblia, proclamados por Jesús.

Como diría, Pedro Lemebel. “Hablo de ternura compañero”…

sábado, 15 de noviembre de 2014

Seguir creyendo en la Comunidad...

Mañana domingo, con un grupo de amigos y amigas que participamos de una comunidad luterana, tendremos un paso importante en la vida comunitaria de esta congregación, y es que nos confirmaremos como miembros de la Congregación El Buen Samaritano de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile. Es sin duda, para mí un paso lindo, pero también lleno de complejidades, y tiene que ver con mi trayectoria de vida que acá comparto muy resumidamente, como ejercicio de memoria y de constructor de mi propia historia.

Encontrándome con Dios.

Nací dentro de un hogar Adventista, ahí me bauticé y conocí lo que es la fe cristiana. Recuerdo lindos momentos en ese lugar, y hasta el día de hoy, tengo admiración por muchas de las formas que tiene de hacer Iglesia los adventistas, en especial mis padres. No obstante, ya teniendo actualmente cierta autonomía en mi manera de comprender a Dios, debo de confesar que tengo grandes diferencias, principalmente por el tema de su teología fundamentalista alejada de la crítica moderna, a la cual yo considero que las diferentes Iglesias debieran haber tenido una respuesta más acertada, al fin al cabo, la teología es humana, y por ende no es palabra de Dios.

A los 13 años, después de vivir una etapa convulsionada en mi vida, por querer revelarme contra lo que se me había establecido llego mi salida de la Iglesia Adventista, mi padres por tratar de protegerme de un ambiente que les causaba un gran daño, ya que me había involucrado de fondo en pandillas, consumos de dorgas y actos delictivos, fue así que de una forma de querer “rehabilitarme” me enviaron a seguir la enseñanza media a Tomé, un lugar que pasa ser importantísimo en mi vida y lugar que -en lenguaje evangélico-, fue donde tuve mi encuentro personal con Jesús.

En Tomé, en la Iglesia Metodista Pentecostal, fue donde mi vida tuvo un cambio radical, conocí personas, solidarias y amables que poco les importaba mi trayectoria anterior, que no era una gran presentación por lo demás, ¿Por quién recibe a un adolescente, con problemas de drogas y delictivos? Sin duda, hasta hoy, esas personas las tengo en mi memoria. Fueron sus prácticas las que me convencieron que Dios habita en una comunidad de personas, con rostros humanos. Esas personas, pasaron a ser mi familia durante los tres años que viví en ese lugar. Como toda relación humana, con altos y bajos, más doy gracias a Dios, por ese tiempo, ya que aprendí a tener una mirada comprometida, y vivir bajo convicciones comunitarias, algo que hoy quisiera volver a vivir intensamente.

El “llamado de Dios”.

Al volver a Santiago, a los 17 años, tenía la posibilidad de volver a la Iglesia Adventista, más mis padres me dieron la posibilidad de seguir el camino que yo había escogido – o bien que la vida, me fue tejiendo-, fue así que busque una Iglesia, de la misma denominación de la que iba en Tomé, una “Metodista Pentecostal”, llegue a una Iglesia, muy humilde en la población de la Frontera en Puente Alto. Llegue tímidamente como un jovencito que quería servir a Dios con todo su corazón, a una Iglesia muy dispuesta a recibir a personas. En ese lugar construí las amistades más lindas de mi vida, con quienes hasta el día hoy, nos acompañamos. Hice todo lo que una persona evangélica pudo haber pensado hacer: Predicaba en las calles, en los días de semana, incluso en los días domingos en el culto general, iniciamos un grupo de evangelismo, clases de escuela dominical, una escuela bíblica, talleres de formación cristiana, operativos sociales, un centro cultural, y un gran etc., en fin, con mucha humildad, pero sin falsa modestia, en ese lugar trabaje incasablemente en poder hacer Iglesia. Por eso mismo, es que hoy, también miro con mucha tristeza la forma en que me fui de ese lugar y en lo que en el tiempo se ha ido transformando, esa Iglesia humilde, de relaciones humanas sinceras, amigables, paso a ser una empresa más del negocio religioso, donde se privilegió el lujo, ante de lo humano. No obstante, esa Iglesia es la que me marco decisiones importantes en mi vida.

En ese tiempo, comprendía que Dios tenía un plan conmigo, creía que me había transformado mi vida para bien y yo sólo quería servirle, en agradecimiento a ese gran amor que recibí. En mi corazón latía fuertemente el deseo de querer servirle y dedicar mi vida para Dios y su Iglesia. Decidí entonces prepararme al ministerio, yo quería ser misionero y servirle con toda mi vida a Jesús. Entre a estudiar al Instituto Bíblico Nacional, siendo hijo de adventistas, sabía que la responsabilidad ministerial, exigía una preparación mayor, mis padres, ambos con estudios teológicos en la Universidad Adventista, a pesar de que nunca se dedicaron al pastorado, veía en ellos una gran preparación para sus tareas eclesiásticas, por lo que entendía que debería haber un compromiso concreto en el estudio de las sagradas escrituras, para todo aquel que sentía un llamado para trabajar en la obra del Señor. Yo sólo quería servir a Dios, dedicada casi todo mi tiempo y mi corazón a esa Iglesia. Fue en ese servicio, en que las personas demostraban una confianza especial, tuve acceso a temas a más sensibles, yo no creía que era un pastor, aunque sabía que lo que hacía era un acompañamiento pastoral. En ese sentido, me di cuenta que el estudio de la Biblia no me era suficiente para realizar una labor efectiva, habían temas que se escapaban de mis manos. Entonces, decidí entrar a estudiar Psicología, mis intenciones era que esa carrera pudiera habilitarme para poder ejercer una labor de servicio mucho más efectiva.

En este mismo tiempo, con el grupo de jóvenes de la Iglesia, comenzamos a pensar como ser una Iglesia que realmente expresará el amor de Dios, la Iglesia de La Frontera, se encontraba en un lugar marginal, la gran mayoría de los hermanos vivían en ese sector y comprendíamos que el amor de Dios, nos invitaba a tener un compromiso social con nuestro prójimo. Iniciamos entonces un proyecto que pasaría a ser unos de los proyectos más importantes de mi vida. Pensamos en crear una organización social, que pudiera expresar el amor de Dios en lo social, como nota al margen, pienso que en ese tiempo, nunca había escuchado de la Teología de la Liberación, de la misión Integral, por ejemplo, no obstante desde nuestra prácticas, hacíamos viva aquella reflexión teológica de nuestra américa latina, aunque eso da para otra nota.

La Misión y Nación Juvenil

El día 21 de Junio del 2007, iniciamos el Centro Cultural Nación Juvenil, teníamos grandes ambiciones como grupo, cada vez que vuelvo a leer lo que fueron nuestros proyectos y aspiraciones me da una profunda emoción el ver lo soñadores que éramos. Fue una experiencia colectiva muy linda, en que participaron personas muy importantes para mí. En tanto en la Iglesia, habíamos sufrido el cambio del Pastor y la lógica de hacer Iglesia había tenido rotundos cambios que fue tensionando mi participación en la Iglesia, con lo que hubo un momento en que no podía más, y opté por salirme, aunque para ser sincero, me fue una expulsión necesaria.

Mi participación en este proyecto, marco un cambio significativo en pensar ser Iglesia, y desde lo que yo pensaba que era el plan de Dios para mi vida. Entendí entonces que la Misión de Dios no era tan sólo en países lejanos o lugares que jamás había escuchado, vi que en mi propio país en mi propia realidad, había que cumplir su misión, el amor de Dios debería ser expresado en el aquí y ahora, en el mismo lugar donde estaba. Paralelo a mi participación en la Iglesia y en el Centro Cultural, intente participar en diferentes organizaciones misionales, MOU, JUCUM, Vida Estudiantil, entre otras, fue este último el que mayor efecto causo, pero contrariamente a sus objetivos, fue al revés de sus aspiraciones. En un proyecto misional, en Lonquimay, donde se trabaja en la evangelización de las comunidades mapuches, no logré comprender porque la prioridad del Cristiano tendría que ser “entregar el mensaje” por sobre “vivir el evangelio”, sentí que los planes de ministerios misioneros como el de Vida Estudiantil, tenía sólo como elemento de realizar el ganar adherentes por sobre el vivir una vida digna. Mi realidad y desde mi historia de vida me obligaban a tener una mirada disidente a la propuesta “misionera”, ya no abrazaba el dualismo, de alma y cuerpo o el desprecio de la vida por tener que salvar el alma. Fue entonces que desilusionado de comprender lo “misional”, que tenían estos ministerios, pensé que –tal vez- Dios tenía otra “misión” conmigo a diferencia de mis hermanos. 

Trate de enfocarme entonces en temas más sociales y políticos, reactivamos el proyecto de Nación Juvenil, pero esta vez con un enfoque en la reflexión teológica y política desde la fe evangélica. En este entonces, me había cambiado de institución teológica después de un frustrado paso por el IBN continúe en la Comunidad Teológica Evangélica de Chile, enviado, irónicamente por un profesor del IBN, escandalizado por una pregunta que le hice, me dijo: “Si usted quiere ser “cabezón”, vaya a estudiar a la Comunidad Teológica, haya están los cabezones, acá la visión de la institución es formar “obreros” y no intelectuales”. Sin considerarme como un intelectual, sabía que unos de los problemas que había en las Iglesias Evangélicas, era el desprecio al pensar y reflexionar críticamente la fe y la vida, fue que a la otra semana llegue a la CTE, lugar que influirá en mi forma de comprender la fe y el mundo.

Mi encuentro con el Luteranismo

Entonces, como estudiante de la Comunidad Teológica Evangélica, militante en Nación Juvenil y sin Iglesia, recibí la invitación de un profesor a participar de una actividad del Centro Ecuménico Diego de Medellín, desconocía tremendamente lo que era el movimiento ecuménico latinoamericano, aunque no recuerdo haber sido anti-ecuménico, me era extraño. Pero al acercarme al CEDM, fue una luz que vi, en ese momento, donde sólo veía una Iglesia, lejana e indolente a los problemas sociales que existía en Chile, conocí una gran cantidad de experiencias de cristianas y cristianos en sintonía con lo que Dios me llamaba. En ese lugar, fue que empecé a relacionarme con el luteranismo chileno, leía sus declaraciones, conocí la historia de Helmut Frenz, y comenzó una suerte de “amor a distancia”, admiraba lo que era el luteranismo, aunque no pensaba formar ser parte, en mi mente existía la idea de que mi aporte iba a ser desde Nación Juvenil a las Iglesias Evangélicas, y desde ahí era suficiente.

Era el 2011, año más que emblemático para nuestra generación, me había cambiado de carrera, por un tema económico no pude continuar psicología y había entrado estudiar Ciencia Política, tenía claro que mi camino, iba ser en la ruta de lo político. A esto, intente militar políticamente, desde la UDI (2008), la JS (2009) y el PRO (2010), fueron mis intentos (En ese orden, si la UDI me “inicie”), aunque nunca logre hallarme en sus lógicas de trabajar, yo venía de experiencias absolutamente comunitarias, donde me sentía un extraño y sinceramente muy poco aporte a la lógica partidista, más bien me hallaba trabajando en lógicas de colectivos y ministerios para-eclesiásticos en donde participe en varios, así fue que el año 2011, me “radicalice”. Opté una posición militante desde la Teología de la Liberación, asumiendo la reflexión teológica desde la realidad latinoamericana, y desde las luchas de los oprimidos, fue que empecé a tener una apertura a temas "pocos canutos" como el feminismo, indigenismo, entre otros. Me involucré en espacios formativos políticos y en el activismo. En fin, año muy movido. En ese entonces, la única Iglesia que tenía una sintonía con lo que yo más bien pensaba, era la Iglesia Luterana.

Nación Juvenil tuvo su fin de ciclo, y en los colectivos que participaba sentía que me faltaba ese algo para mi fundamental que tiene que ver con un tema desde la fe comunitaria. Pretendí volver a participar en una Iglesia, tras breves pasos frustrados en Iglesias “Neo-pentecostales” que al tener cierta apertura a lo moderno en sus cultos, suponía una apertura teológica en su forma de entender el evangelio, me dejo que la clara convicción que solo era una apertura para el “consumidor” religioso pero que era la misma teología dualista, al servicio del capitalismo y lejana de la historia, a la realidad de la cual yo pensaba que tendría que hacerse cargo, en su práctica la Iglesia hoy.

El caminar junto a la comunidad luterana.

En el año 2012, decidí conversar con el Obispo de la Iglesia Luterana, le pedí una cita y me invitó al lugar donde mañana me confirmare, la Congregación El Buen Samaritano en Peñalolén. Cuando llegue (atrasado, como siempre), habían unas 10 personas, no habían personas jóvenes y una liturgia muy fome para alguien que venía de experiencias “carismáticas”, le conté mi historia y me recomendó ir a la Iglesia Luterana en la Trinidad en Ñuñoa, donde había un grupo de jóvenes activo, así fue como llegue a la Trinidad. Mi primera Iglesia Luterana hace dos años, lo positivo que conocía a gran parte de los chiquillos, nos habíamos encontrado en alguna y otra actividad de Nación Juvenil o de la Comunidad Teológica por lo que mi proceso de adaptación social, fue inmediata, creo no así, la adaptación teológica y cultural.

Al iniciar mi caminar en la Iglesia Luterana, lo hice en dos “frentes” uno en la Pastoral de Jóvenes, y en la Misión de la Trinidad en Padre Hurtado, ambas con una participación esporádica, digamos. Me costaba acostumbrarme a una lectura teológica que no conocía. Era todo casi, relativamente nuevo y a eso sumar tras mis pasados “eclesiásticos”, me tenían medio traumado,  no quería tener que vivir una situación de amargura por la religión, trate de ser cuidadoso, e ir como se dice “piano, piano”, mi compromiso más concreto lo experimente en el trabajo en la Pastoral de Jóvenes, en ese lugar fue incluido muy amablemente, mis reconocimientos en esta nota a Nataly que era la presidenta de ese tiempo que confió y me permitió trabajar en algunos talleres, luego colaborando en la organización de un campamento, luego en la coordinación e incluso trabajar en un proyecto de formación, que aunque fue luego frustrado, agradezco esa confianza. Factor importante en esta etapa fue la Pastora Izani, en ese tiempo era la asesora teológica de la Pastoral.

En la Iglesia La Trinidad, la verdad no me sentía muy cómodo, si bien simpatizaba con su mirada teológica y admiraba el trabajo que se desarrollaba tanto a nivel diaconal como en la denuncia profética pública, buscaba un lugar donde podría servir, y la estructura política de la IELCH que se materializaba en la Trinidad, era exageradamente rígida para permitirlo y en los lugares donde se podía servir, demandan un esfuerzo que no podía realizar. A finales del año 2012, había ocurrido una crisis en la Iglesia de La Trinidad, al regresar de una pasantía por tres meses que hice en Perú, habían cambiado varios asuntos en la Comunidad. Si bien, yo no era luterano, ya era parte del grupo como un activo participante en la Pastoral de Jóvenes, por lo que todo era parte de un todo.

En esta etapa fui conociendo algunas aspectos en lo que soy critico al luteranismo chileno, y el hecho que mañana me confirme como luterano, no significa que valide esas prácticas, son asuntos concretos que tienen una lógica teológica de fondo que no comparto y considero que son parte de una identidad luterana, humana, imperfecta, cultural (por ende modificable) a la cual no quiero adherir. Las deseo mencionar para de alguna manera visibilizar donde, desde mi observación, no estamos caminado bien y se requiere mi compromiso como el de otros para remediarlo.

Desde mi experiencia:

No comparto el exacerbado uso burocrático que tiene la administración de la Iglesia.
No creo que la preocupación de la sostenibilidad económica debiera ser más importante que la misión de la Iglesia.
No creo en el clasismo que se promueve desde el luteranismo como superiores a los otros evangélicos por tener una lectura teológica más moderna.
No creo en el clericalismo que se manifiesta en la Iglesia, tanto es sus liturgias y prácticas funcionales.
No creo que el culto dominical sea el lugar más importante de la Iglesia, ni que este sobre la experiencia comunitaria, fuera o dentro de la esfera religiosa.
No creo que en la jerarquización, aunque esta se asuma necesaria, creo que cada vez se debiera caminar por sendas más horizontales e igualitarias.
No creo que el abuso de poder sea una práctica cristiana, más aún cuando es ejercida por quienes se les ha otorgado ese poder desde la Iglesia.
No creo que la inclusividad cuando esta es sólo discurso público y no se hace cargo de manera concreta en la práctica de las vidas de Iglesias.  

El Buen Samaritano.

En abril del 2013, llega de Osorno a Santiago la Pastora Izani a trabajar en la Congregación el Buen Samaritano, era una buena noticia, era una amiga, compañera que llegaba a trabajar, una persona que aún creía de utopías y no renunciaba a soñar en la construcción de una Iglesia con corazón y pies en la tierra, me animé a hablar y ofrecer mi ayuda para colaborar en la Iglesia. En mi contexto, no era fácil, había ya tenido todo un recorrido donde lo único que había crecido era la incredulidad al proyecto de ser Iglesia. No obstante, la confianza que deposito en mí, gatilló para que también yo pudiera entregar confianzas y fue como empecé a participar de algunas actividades esporádicamente. A inicios del 2014, tuve la oportunidad de realizar un diagnóstico para un proyecto a realizar en la Iglesia El Buen Samaritano, ese trabajo me permitió conocer la vida de esta comunidad, sus fortalezas, debilidades, sus mañas y virtudes, como su hermosa historia de resistencia y lucha. 

Ha sido un lindo caminar, es por eso que mi confirmación de mañana la veo como un paso para servir y servir juntos con mis hermanos y hermanas de la comunidad, unirme para fortalecer mi fe, desde la vida de ellas y ellos. En simples palabras me gusta la vida comunitaria de la Iglesia El Buen Samaritano y me inspira ser parte de ella, no es perfecta, es desafiante, pero eso me permite seguir creyendo en el cristianismo y en la Fe de Jesús, como construcción de utopías y espacios de vida plena materializados. Es en este mismo lugar donde van mis amigos y amigas, algunos de ellos muy importantes para mi vida actual, por lo que el hecho de participar de la comunidad me permite seguir creyendo en algo, que comencé a creer hace años, y es creer con todo mi corazón, que la fe de Jesús que movilizó a un grupo de personas a conformar comunidades donde el espíritu de Dios acontecía, el cual otorgaba luz y esperanza, para vivir el Reino de Dios, sigue siendo lo que nos da sentido, de ser Iglesia, hoy.

Creer en la vida comunitaria, donde en el otro y en la otra ver a Dios, porque él habita en comunidad.
Creer que yo no puedo sólo, sino necesito de otros para vivir, una vida que no sea la reproducción de un sistema de opresión, enajenante, que castiga a unos en beneficioso de otros.  
Creer en una comunidad, donde pueda amar, y donde también pueda sentirme amado, una comunidad de personas que se aman.
Creer que en una comunidad donde pueda pensar mi fe, y nutrirme desde las experiencias de otros, que alteren mi realidad, mi mirada, mi comprensión de la existencia.
Creer que en la vida comunitaria de forma solidaria, porque en lo concreto no debería estar el egoísmo.
Creer en la vida comunitaria porque me posibilita seguir siendo discípulo, para aprender y re-aprender, incluso de asuntos que hoy conforman mis verdades “irrevocables”.
Creer en la vida comunitaria, porque me da esperanza que a través de ella, otros mundos son posibles. 

15 de Noviembre del 2014